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“Pronto vamos a estar juntos”: la conmovedora carta que el soldado maestro le escribió a sus alumnos desde Malvinas

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Julio Cao era maestro en la escuela N 32 de Laferrere cuando partió a la guerra Fuente: Archivo – Crédito: www.fundacionmalvinas.org



El 10 de junio de 1982,
el soldado Julio Rubén Cao murió en Malvinas de manera abrupta al recibir un proyectil en su espalda durante el combate en Monte Longdon. El jóven, que había nacido en Ramos Mejía el 18 de enero de 1961,


era uno de los pocos voluntarios que combatió durante el conflicto bélico.





A los dieciocho años, cuando culminó la secundaria, comenzó a trabajar en la fábrica de acero inoxidable de su padre. Pero su verdadera vocación era la docencia. “Enseñar es lo más lindo que hay. Enseñar a leer, a escribir. Ser maestro. Julio Cao (3º B)”, cuenta su familia que escribió a los ocho años, mientras cursaba el tercer grado.

Julio Cao estaba casado y falleció sin conocer a su hija Julia, quien nació en agosto de 1982. La mujer, hoy de 36 años, recordó hace poco que su padre pidió licencia en 1981 para cumplir con el Servicio Militar en Regimiento de Infantería 3, General Belgrano de La Tablada.



Vuelto a la vida civil, una vez finalizado su servicio militar obligatorio, retornó su labor en la Escuela Nº 32 de Laferrere, que hoy lleva su nombre. “Cuando supo la noticia de la recuperación de Malvinas, elaboró con patriota pluma el discurso para el colegio en el cual trabajaba, sin saber aún que debería acudir al llamado de la Patria”, relató Julia.





Julio Cao partió como voluntario un 12 de abril de 1982 a Malvinas. Desde allí escribió una hermosa carta dirigida a sus alumnos del tercero “D” de la Escuela N° 32. En ella les pide disculpas por su repentina partida hacia las islas. La carta está fechada en Puerto Rivero, el nombre con el que se llamó a la capital de las islas en un primer momento.

La carta llegó a sus alumnos a tiempo. No así la identificación del cuerpo de Julio, que estuvo 36 años sin reconocerse. Hoy ese día llegó: Julio Rubén Cao, el maestro que se despidió de sus alumnos mediante una nostálgica carta desde las islas, es el ex combatiente N°92 identificado por la misión humanitaria comenzada el año pasado.




La carta completa:


Puerto Rivero, 24 de abril de 1982





Sra Directora:





He recibido carta de mi esposa quien me transmitió la preocupación de todo el personal de la escuela en cuanto a mi presencia luego de mi inesperada desaparición debido a mi incorporación al Ejército.


Deseo hacer llegar a ud y por su intermedio a todo el personal de la escuela mi mayor gratitud por haberme hecho sentir tan a gusto durante el corto lapso en que me conté entre uds.


Espero que no se timen en cuenta la incorrecta redacción y caligrafía de estas líneas pues es un soldado no un maestro quien las escribe.


Considero que uds desearán saber las condiciones en que vivimos aquí los soldados, que según tuve oportunidad de comprobar son muy distintas a las que describen en los diarios.



Formo parte de la sección Atam del Regimiento de Infantería Mecanizada 3. Nuestra misión es dar apoyo de artillería a la primera línea de las compañías de Infantería de nuestro regimiento que se encuentran sobre las costas. Nosotros nos encontramos 100 o 150 metros a retaguardia, prácticamente en el frente.


Estamos a unos 3 km del Puerto Rivero (Puerto Argentino), en la isla Soledad y vivimos en pozos de 1m por 2m aproximadamente (pozos de zorros) en parejas, de a dos soldados; la humedad de la tierra es nuestro mejor compañero. Comemos bien, pero la ansiedad hace que sintamos mayor apetito, no hay comida que alcance. Hace frío, frío, mucho viento y el clima en general es muy húmedo. Las noches son muy largas y se hacen más largas porque cumplimos 2 hs de guardia.



Releyendo la carta me doy cuenta de que les estoy describiendo un panorama para nada alentador, pero la realidad es que no es nada que no pueda soportarse; principalmente porque la moral de la tropa es muy alta en general.


Con respecto a la situación en general, recibimos las informaciones de la radio local que no son otras que las que “la superioridad” quiere que sepamos; sobre el ataque a las Georgias y demás, en general muy escasas. Por otra parte ya hubo enfrentamientos acá en la isla Soledad que no sé si son de dominio público: el día 27 de abril a las 2130hs, comenzamos a oír que la artillería que se encuentran a retaguardia tiraba sobre las costas; recibimos órdenes de alistarnos y de mantenernos atentos dentro de las posiciones. No teníamos otra información más que el hecho de que el fuego continuaba ininterrumpidamente. Nos encomendamos a Dios y esperamos. No sé si temblaba de frío o de miedo, pero temblaba. Hasta las 330 hs del día siguiente continuó el fuego y algunos tiroteos aislados que seguramente eran producto de algún miedoso (que constituyen un verdadero peligro) a las 4 hs aproximadamente recibimos noticias de que el peligro había pasado y podíamos dormir. Por la mañana, el teniente coronel, Jefe del Regimiento, nos informó por radio lo sucedido: el radar había detectado lanchones de desembarco (aproximadamente 100 efectivos) y un submarino a 1000 metros de las costas. El fuego de la artillería los cerró y puso fuera de combate, el submarino se alejó. Más que ese susto no pasó nada y esto nos sirvió para darnos cuenta de que un desembarco en esta zona es prácticamente imposible.


Señora deseo recordarle que esta información y todo lo que se refiere a mi ubicación no he hecho llegar ni a mi esposa ni a mi familia, con el objeto de no alarmarlos más de lo que por el hecho mismo se encuentran. Igualmente tengo la seguridad de que las cosas no van a llegar a mayores y que esto va a terminar muy pronto; no sabe cuánto deseo volverme a encontrar frente al grado cumpliendo esa misión mucho más gratificante y provechosa que la que tengo encomendada.


Desearía que hiciera llegar a la maestra de 3ero D este mensaje para mis alumnos:



“A mis queridos alumnos de 3ro D:



No hemos tenido tiempo para despedirnos y eso me ha tenido preocupado muchas noches aquí en Malvinas, donde me encuentro cumpliendo mi labor de soldado: Defender la Bandera. Espero que ustedes no se preocupen mucho por mí porque muy pronto vamos a estar juntos nuevamente y vamos a cerrar los ojos y nos vamos a subir a nuestro inmenso Cóndor y le vamos a decir que nos lleve a todos al país de los cuentos que como ustedes saben queda muy cerca de las Malvinas.



Y ahora como el maestro conoce muy bien las islas no nos vamos a perder. Chicos, quiero que sepan que a las noches cuando me acuesto cierro los ojos y veo cada una de sus caritas riendo y jugando; cuando me duermo sueño que estoy con ustedes. Quiero que se pongan muy contentos porque su maestro es un soldado que los quiere y los extraña. Ahora sólo le pido a Dios volver pronto con ustedes. Muchos cariños de su maestro que nunca se olvida de ustedes.



Señora, además desearía hacer llegar mi recuerdo y saludos a todo el personal a la señora Bibiana, al Sr Galo, Cristina, Nora, Mercedes, Bárbara, Isabel y a todos los docentes de mi turno y de la escuela; a la señora Alicia quisiera que sepa que extraño mucho su mate de las 13 hs, y espero pronto volverlo a saborear ya que aquí el desayuno es una especie de mate cocido mezclado con cal de albañil y hasta un poco de cemento, nada de azúcar.



Habiendo distraído demasiado su atención pero sintiéndonos por un instante con uds me decido a concluir estas líneas con la esperanza de encontrarme a la brevedad con ustedes.



Afectuosamente, JULIO.


La carta original



La carta original de Julio Cao Crédito: www.fundacionmalvinas.org












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