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Quien quiera ganarle a Donald Trump también deberá aprender de él

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Nueva York.- Corey Lewandowski manejó la campaña de


Donald Trump
durante un año, es coautor de un libro sobre dicha campaña, y se mantiene en contacto permanente con el presidente, como quedó en evidencia el mes pasado, cuando nos enteramos de que se había ido a las manos con el jefe de gabinete, John Kelly, frente a la puerta del mismísimo Salón Oval.





























Esa cercanía me hizo pensar que nadie mejor que Lewandowski para imaginar cómo debería ser el demócrata que pudiese aspirar a ganarle a Trump en 2020.

Lewandowski me dijo que quien más lo inquietaba era Mike Bloomberg, porque su fortuna personal le ahorraría toda la distracción que implica la recaudación de fondos de campaña, y también Joe Biden, porque había encontrado el tono justo al decir que si Trump y él hubiesen sido compañeros de secundaria, “le habría dado una paliza en todo”.















También señaló que Beto O’Rourke, el candidato a senador de Texas, había atravesado de manera impresionante el umbral de conocimiento público, y que el candidato a gobernador de Florida Andrew Gillum había logrado un ascenso meteórico.















El demócrata perfecto para enfrentar a Trump, según Lewandowski, debería tener talento para la atención y hambre de guerra. Ese candidato o candidata “debe estar ávido de cruzarse mano a mano con el hombre con mejor contragolpe que yo haya conocido”, señaló Lewandowski.




Las elecciones de medio mandato
de hace una semana ya son historia antigua, y ahora todos piensan en las presidenciales, usando
la data que arrojaron las urnas el 6 de noviembre para debatir quién podría derrotar a Trump. ¿Un moderado o un progresista? ¿Un veterano o un recién llegado? ¿Hombre o mujer? Esa parte de la calesita ya la conocemos, pero esta vez tendrá una urgencia inusual, porque Trump se alimenta de todo, y en especial del riesgo.








Esta vez, para colmo, y suponiendo que nada obstaculice la apuesta reeleccionista del presidente, habrá una gran cantidad de incógnitas y preocupaciones adicionales, que atañen a la personalidad intencionalmente corrosiva de Trump, a sus tácticas de provocación, y a su casi místico dominio de las redes sociales.








¿Su contrincante debería meterse con él en el barro? Pero aún, ¿es posible evitarlo? Eric Holder y


Hillary Clinton
aparentemente piensan que no, a juzgar por los recientes comentarios públicos de ambos. (“Cuando nos rebajamos, les ganamos”, dijo Holder.)

Pero muchos otros líderes demócratas dicen que la estrategia más inteligente es flotar sobre la mugre, porque las campañas funcionan por contraste y porque muchos norteamericanos están desesperados por recuperar la tranquilidad y la transparencia.








“Está lleno de gente agotada del rencor que Trump instila diariamente en el país y harta de esta especie de política tribal”, dijo David Axelrod, arquitecto de las campañas presidenciales de Barack Obama en 2008 y 2012.

El eventual adversario de Trump tendrá que hacer malabares: ser más duro que lo habitual sin volverse despiadado, lograr un cóctel exacto de pugilismo y optimismo, y evitar la autocrítica y la contrición, en las que jamás cae Trump.

Para destacarse, deberá contar con una cualidad innegociable: la viveza para arrebatarle a Trump el control de los medios. Y para lograrlo, cualquier postulante serio tendrá que encontrar la manera de cautivar con su relato.

Pero el eventual adversario demócrata no solo tendrá la presión de tener que comunicar de manera memorable, sino de decir cosas memorables, o sea, nuevas.

“Una candidatura tiene que tener un nivel de originalidad y ambición”, dice Peter Buttigieg, el joven alcalde de South Bend, Indiana, y estrella en ascenso del Partido Demócrata. Buttigieg dice que probablemente escuchemos propuestas políticas novedosas, “como la posibilidad de un ingreso mínimo garantizado, o debates sobre una reforma constitucional”. Esa reforma afectaría al funcionamiento del Colegio Electoral, el financiamiento de las campañas o el derecho al voto.

Lo que me quedó más claro después de hablar con todos ellos es que para ganarle a Trump hay que aprender de él. Prestar atención a sus decisiones estratégicas más inteligentes. Reconocer y hacer propias algunas de las cualidades que sus admiradores le atribuyen y que los seducen. Ser directo, mostrarse fuerte y ser coherente con su mensaje.

“Trump tiene el mismo mensaje hoy que el que tenía cuando bajó del ascensor de la Trump Tower”, observa Beth Myers, eminente consultora de los republicanos y asesora de Mitt Romney. “La disciplina de su mensaje es increíble. Nunca flaqueó. Es muy real y muy potente”.


Traducción de Jaime Arrambide

















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