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  Ricitos y la inflación

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Chris Giles*. Los mercados financieros creen hasta en Ricitos de Oro. Tras aumentar su preocupación por las presiones inflacionarias durante los cinco primeros meses del año, su consenso actual es que las alzas de precios en Estados Unidos y otras economías avanzadas no serán ni demasiado calientes ni demasiado frías en los próximos años. Pero la realidad es más complicada que los cuentos de hadas.

En el segundo trimestre, los precios subieron a un ritmo desconocido en décadas. En EE.UU., la tasa anualizada de inflación núcleo aumentó hasta el 8,1%. Su nivel más alto en cualquier trimestre desde 1982.

En todos los países avanzados de la OCDE, la inflación del trimestre subió a un nivel no visto desde 1995. En Alemania, país obsesionado con la inflación, la tasa anualizada aumentó a un ritmo mayor desde el boom de principios de los 90, tras la unificación.

Los banqueros centrales insisten en que no hay mucho de qué preocuparse. El aumento de la inflación es «transitorio» dicen. Subrayan que el estímulo monetario sigue siendo necesario para permitir una fuerte recuperación de la crisis de coronavirus. Consideran que los riesgos de endurecer demasiado pronto la política, dejando las economías muy frías, son peores que los de cambiar las cosas un poco más tarde.

En términos más generales, el acuerdo entre los funcionarios se basa en evidencia sólida de algunos problemas temporales en la economía mundial. Parte del reciente aumento de precios ha sido consecuencia de los cuellos de botella en las cadenas de suministro mundiales, en especial chips.

Al aumentar  el precio de bienes importados y nacionales, este encarecimiento traerá consigo nuevas inversiones en plantas de producción y, eventualmente, su propia solución. El aumento de la difusión de la variante Delta de Covid-19 ya modera la recuperación del gasto de los hogares.

Pero el argumento más extendido de que la inflación está bajo control, no se construye sobre bases igualmente firmes en EE.UU. y en el Reino Unido.

El FMI prevé un déficit fiscal estadounidense del 13,3% del PBI en 2021, y el Reino Unido n 11,7%, ambos considerablemente más generosos que la zona euro, con un 7,9%. En combinación con las restricciones de Covid-19, estos altos niveles de apoyo fiscal han dado lugar a niveles de «exceso de ahorro» más altos que en la mayoría de los países europeos, según el FMI.

El exceso de ahorro no tiene nada intrínsecamente peligroso, sobre todo porque a los consumidores de EE.UU. y el Reino Unido se les suele criticar por ser demasiado rápidos para gastar. Pero significa que hay bastante riesgo de que un aumento del gasto privado venga acompañado de un descenso en la incidencia del virus. Las previsiones tranquilizadoras dependen de que los funcionarios acierten en que las autoridades han calibrado las ayudas casi a la perfección.

Los mercados laborales son un segundo ámbito de preocupación inflacionaria a ambos lados del Atlántico. La semana pasada, el Banco de Inglaterra modificó sus orientaciones y dijo que serían necesarias algunas subas «modestas» de las tasas de interés en los próximos tres años, porque ya no le preocupa tanto un aumento del desempleo como garantizar un flujo de personas hacia el trabajo. En EE.UU., los datos del mercado laboral muestran igualmente que las vacantes y renuncias están en niveles récord.

Ni en EE.UU. ni en el Reino Unido el crecimiento salarial sugiere que la inflación persista. Pero si los empresarios siguen necesitando más personal y no se materializa la supuesta ola de personas que se reincorporan al mercado laboral, el resultado será un aumento continuado de salarios y precios.

Estos riesgos en el equilibrio entre la oferta y la demanda se producen en un momento en  que el envejecimiento de la mano de obra en China sugiere que no será la fuerza de deflación mundial que fue en su momento, y la jubilación de la gran generación del baby-boom cambiará gradualmente la balanza hacia el consumo en las economías avanzadas.

Nada de esto sugiere que nos dirijamos a las espirales salariales y de precios de la década de 1970, pero sí apunta a un futuro en el que debemos preocuparnos más por la inflación que en los últimos años.

 

Chris Giles* Editor de economía del Financial Times desde octubre de 2004. Cubre asuntos económicos mundiales y del Reino Unido.

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