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Rohani pide la liberación de detenidos en las protestas en un intento de rebajar la tensión | Internacional

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El presidente de Irán, Hasan Rohani, ha pedido este miércoles que se deje en libertad a los “inocentes que no iban armados” y fueron detenidos durante las protestas contra la subida de la gasolina de hace dos semanas. Rohani, que ha atribuido la grave situación que atraviesa el país a las sanciones impuestas por EE UU, ha dado la impresión de querer rebajar la tensión suscitada por los disturbios, los más violentos desde la revolución de 1979. Aunque las autoridades rechazan el número de 208 muertos avanzado por Amnistía Internacional, no han dado una cifra oficial.

“Debe mostrarse clemencia islámica y aquellos inocentes que protestaron contra la subida del precio de la gasolina y no estaban armados debieran ser liberados”, ha manifestado Rohani en un discurso televisado, según la traducción de la agencia Reuters.

No está claro cuántas personas han sido detenidas. Según un diputado, son 7.000, pero el único dato oficial es que “muchos de los 2.021 detenidos alrededor de Teherán han sido liberados”.

Aunque las protestas, que se desataron el 15 de noviembre y se extendieron por todo el país, empezaran por la subida del precio de la gasolina, pronto se convirtieron en críticas con el régimen islámico. El descontento por la mala gestión económica y falta de libertades hace años que subyace entre las clases medias iraníes. Ahora ha encontrado terreno abonado entre los jóvenes desempleados y sectores de los trabajadores que han sido los más afectados por las consecuencias de las sanciones estadounidenses.

“Esta situación no es culpa nuestra, sino el resultado de un acto cruel de la Casa Blanca”, ha declarado Rohani. Desde su abandono unilateral del acuerdo nuclear, Washington ha cerrado todas las vías para que Irán pueda exportar petróleo, su principal fuente de ingresos. “Si Estados Unidos levanta las sanciones estamos listos para hablar y negociar”, ha dicho el presidente, reiterando lo que ya dijo el pasado septiembre ante la Asamblea General de la ONU.

Los gobernantes iraníes han atribuido la violencia y los destrozos (731 sucursales bancarias y 140 sedes gubernamentales fueron incendiadas, según las autoridades) a “matones” vinculados con la oposición en el exilio o sus enemigos habituales, Estados Unidos, Israel y Arabia Saudí. Tal razonamiento les permite justificar la dura represión desatada sobre los manifestantes, desarmados e inicialmente pacíficos.

La televisión estatal reconoció el martes que las fuerzas de seguridad habían matado a algunos de quienes participaron en las protestas. “Los alborotadores estaban armados con puñales y cuchillos; convirtieron a la gente en rehenes al cerrar todas las carreteras en algunas zonas”, justificó. Las autoridades no han facilitado un número oficial de muertos. No obstante, el portavoz judicial, Gholamhosein Esmaili, ha calificado de “absoluta mentira” la cifra de “al menos 208 muertos” que ha recopilado Amnistía Internacional.

Sin embargo, observadores occidentales en Teherán la consideran verosímil. “La represión ha sido muy fuerte y ha llegado a mucha gente”, confía a EL PAÍS una fuente que asegura que las manifestaciones “no pillaron por sorpresa a las autoridades como han pretendido”. El interlocutor, con una buena red de contactos en el país, se muestra convencido de que “los duros del régimen sabían lo que iba a suceder” y utilizaron la subida de la gasolina para imponerse sobre Rohani y los sectores más moderados. “Los juicios sumarísimos han sido muy rápidos; da la impresión de que lo estaban esperando”, resume.

También de que les está sirviendo para quitar de en medio a quienes consideran críticos o un impedimento para sus planes. El Ministerio de los Servicios Secretos anunció el martes la detención de un grupo que “planeaba disturbios en las universidades” con motivo del próximo Día del Estudiante, el sábado 7. La semana anterior aseguró que habían detenido a ocho personas “vinculadas con la CIA”. Al principio de las manifestaciones, antes de que los responsables cerraran Internet y advirtieran a los periodistas sobre cómo informar de ellas, algunos internautas acusaron a “fuerzas no policiales” de varios casos de vandalismo, en una poco velada referencia a la milicia de basiyi (voluntarios islámicos) al servicio de la Guardia Revolucionaria.

En ese contexto, muchos iraníes consideran que las palabras de Rohani culpando a EE UU de las dificultades que atraviesa Irán y reiterando su disposición a hablar con ese país si levanta las sanciones, suenan huecas y, en el peor de los casos, cínicas. “Está jugando de nuevo al poli bueno, pero es un miembro del Consejo Supremo de Seguridad Nacional que ordenó la represión”, confía una veterana periodista iraní en el exilio. A esa desconfianza se suma el hecho de que el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, ha dejado clara su oposición a cualquier negociación directa con Washington.


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