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Rusia sigue perdiendo la batalla de la imagen

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Rusia consigue desde el cielo lo que es incapaz de mantener en la tierra: dificultar la vida de millones de ucranianos que carecen de luz, agua e internet. Como lleva haciendo desde hace dos semanas, tras la retirada de la ciudad de Jersón, una derrota en toda regla, sigue bombardeando las infraestructuras ucranianas con misiles de crucero y matando a civiles mientras Ucrania pone el grito en el cielo en los organismos internacionales y acusa a las autoridades rusas de perpetrar crímenes contra la humanidad.

La estrategia rusa busca deteriorar la resistencia anímica de la población ucraniana y empequeñecer el avance en el terreno militar. Crear la idea de que puede bombardear el territorio ucraniano siempre que lo deseen sus responsables militares y convertir la vida cotidiana en un infierno, incluso en ciudades alejadas decenas y centenares de kilómetros del frente. Con esta actitud, Rusia se arriesga a seguir perdiendo la batalla de la imagen y convertirse en un paria internacional.

Aunque fue una votación simbólica sin efecto jurídico, el Parlamento Europeo ha acusado a Rusia de ser un estado patrocinador y promotor del terrorismo al realizar «ataques deliberados y atrocidades contra la población ucraniana«. El texto fue aprobado por 494 votos a favor, casi un 84% de los eurodiputados que votaron el texto, y sólo 58 se mostraron en contra.

Colas de recogida de agua en Mykolaiv
Colas de recogida de agua en Mykolaiv
Gervasio Sánchez

Lo peor para Rusia es que la institución reclamó a los gobernantes europeos el establecimiento de un marco jurídico para evaluar el comportamiento delictivo de los estados patrocinadores del terror y restringir las relaciones con el bloque comunitario. «La destrucción de infraestructuras civiles y otras violaciones graves de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario constituyen actos de terror contra la población ucraniana y crímenes de guerra«, lamentó el Parlamento Europeo.

Tampoco le fue bien a Rusia en una resolución del 14 de noviembre de la Asamblea General de la ONU sobre las reparaciones que debería pagar a Ucrania sobre los daños físicos sufridos como consecuencia de la guerra. La resolución recibió 94 votos a favor, 73 abstenciones, y sólo 14 en contra. Esta cantidad, estimada en septiembre por el primer ministro ucraniano, Denys Shmyhal, en 326.000 millones de dólares y verificada por expertos del Banco Mundial, aumentará a medida que el conflicto se extienda en el tiempo. Aunque las resoluciones de la Asamblea General de la ONU no son vinculantes, tienen un gran valor simbólico y va en detrimento del país agresor.

La Corte Internacional de Justicia de las Naciones Unidas, cuyas decisiones sí son legalmente vinculantes, podría valorar estas reparaciones de guerra, pero solo es competente si ambos Estados aceptan sus resoluciones. Además, se tendría que considerar que los delitos cometidos por Rusia son de genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y crímenes de agresión. Y entonces Rusia siempre vetaría cualquier resolución si se plantease en el Consejo de Seguridad, donde es uno de los cinco miembros permanentes, todos con derecho a veto.

Algunos expertos consideran que los activos rusos congelados tras las sanciones impuestas a Rusia podrían servir para reparar la destrucción de amplias áreas, especialmente en el este de Ucrania. Aunque primero se tendrían que confiscar definitivamente. En el terreno bélico tampoco Rusia está teniendo un comportamiento concordante con su gran poder militar. La guerra relámpago empezada en febrero va camino de estancarse y eternizarse. A medida que las fuerzas armadas de Ucrania son fortalecidas por Estados Unidos y otros cuarenta países, los logros militares sobre el terreno benefician a los soldados ucranianos.

Antony Blinken, secretario de Estado estadounidense, anunció el miércoles la concesión de otros 400 millones de dólares adicionales en ayuda militar a Ucrania, una cantidad que permite superar los 23.000 millones de dólares en asistencia desde que el presidente Joe Biden llegara a la Casa Blanca en enero de 2021. El responsable de la política exterior estadounidense remarcó que «la munición de artillería, el fuego de precisión, los misiles de defensa antiaérea y los vehículos tácticos que estamos proporcionando mejorarán a Ucrania en el campo de batalla«.

El fin de esta política armamentística es conseguir que Ucrania llegue a la mesa de negociaciones dando la sensación de que está ganando la guerra y posibilitar también la expulsión de Rusia del territorio ocupado, incluida Crimea.

Entrega de comida caliente a unas niñas en Lyman
Entrega de comida caliente a unas niñas en Lyman
Gervasio Sánchez

Ucrania lleva semanas pidiendo a Estados Unidos sus aviones no tripulados más sofisticados para contrarrestar los ataques con misiles de cruceros y de drones rusos. Algunos senadores estadounidenses tanto republicanos como demócratas ya han expresado al Pentágono la necesidad de que el gobierno de Biden no se oponga a esta solicitud. Pero el gobierno estadounidense no quiere que una escalada en la tecnología militar venga acompañada de una ampliación del conflicto tanto dentro de las fronteras de la OTAN como de Rusia.

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, aprovecha cualquier oportunidad para lanzar peticiones de ayuda internacional. En su discurso suele reactualizar el vocabulario asentado en el subconsciente del ciudadano medio y, de paso, desarbolar, contrarrestar, ahuyentar e inutilizar los mensajes oficiales rusos carentes de imaginación. En un mensaje de vídeo a alcaldes franceses acusó a Rusia de usar las temperaturas frías del invierno como «arma de destrucción masiva» a través de sus bombardeos contra la infraestructura energética.

El lenguaje de hace 20 años durante la guerra de Irak es utilizado con mucha intención por el mandatario ucraniano para pedir generadores, equipos médicos, ropa de invierno y, así, evitar que “Rusia transforme el frío en un instrumento de terror y sumisión”.

Niñas en un refugio en Mykolaiv
Niñas en un refugio en Mykolaiv
Gervasio Sánchez

La guerra es siempre injusta y en las guerras modernas los civiles suelen encabezar todas las estadísticas de la muerte. Entre los civiles lo más difícil de aceptar es la muerte de niños y adolescentes. La Fiscalía General de Ucrania actualizó la cuenta mortífera de niños muertos con la de un bebé que murió en una maternidad de la región de Zaporiya atacada con misiles. Desde el 24 de febrero 438 niños han muerto en Ucrania, según esta instancia oficial ucraniana, y otros 841 han resultado heridos. La Fiscalía insistió que las cifras no son definitivas porque no han podido comprobarse las víctimas de áreas donde siguen las hostilidades o están ocupadas por los rusos.

La Organización Mundial de la Salud aseguró tras un viaje de sus funcionarios a diferentes zonas del país que la vida de millones de ucranianos está bajo una gran amenaza. Puso énfasis en la catastrófica situación hospitalaria en las aéreas más afectadas por los bombardeos y los combates. «Las salas de maternidad no pueden funcionar sin incubadoras, las unidades de cuidados intensivos no pueden funcionar sin ventiladores y los almacenes de vacunas no pueden funcionar con refrigeradores, es así de simple», dijo el director regional de la OMS en Europa, Hans Kluge, a la CNN en una entrevista.

Uno de los principales problemas es la salud mental de los ciudadanos. «La alarmas de bomba… eso crea ansiedad, eso crea depresión», agregó en la misma entrevista después de describir su situación personal durante su viaje a las zonas más demolidas: «Soy un optimista nato, pero debo decir que hoy estoy un poco preocupado porque la mayor parte del día lo pasé bajo tierra en un búnker debido a los ataques con misiles”.

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