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Scaloni, sensatez y sentimientos antes de México

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Hoy será un día de emociones fuertes, al menos para los futboleros, que durante un Mundial somos casi todos. El resultado de Argentina – México en Doha extenderá un alivio feliz o contagiará una intensa frustración. En cualquiera de los casos, habrá que ser cuidadosos con las reacciones, las ideas y, sobre todo, los juicios de valor.

Con la mirada puesta estrictamente en (nosotros) los periodistas, a esta altura hay una certeza construida en la experiencia: lo que se dice puede describir más al hablante que al equipo o al resultado en cuestión. No se trata de evitar la crítica, sino de no transformar esa crítica en un show del exceso y la vanidad.

Dicho lo anterior, la afirmación que sigue resulta arriesgada a horas de una posible definición: Lionel Scaloni mostró en la conferencia de prensa de este viernes en Qatar virtudes que no habían aparecido hasta ahora y que lo explican como entrenador de la Selección Argentina.

Si su designación luego de la rápida eliminación en el Mundial de Rusia resultó sorpresiva e incluso inexplicable por la falta de antecedentes, empezó a sostenerse a partir de los buenos resultados y sólo se consolidó en la Copa América ganada en Brasil en 2021, él no había ofrecido señales de otro orden, digamos más intelectuales, que lo justificaran en el rol.

Pero antes de avanzar resulta oportuno recordar una pregunta reiterada en el fútbol: ¿cómo se elige a un entrenador en un deporte en el que todos ganan y pierden? Las respuestas suelen ser variadas y se acomodan a las circunstancias. Sin embargo, para pensarlo ayuda una definición de Gonzalo “Pipita” Higuaín, ex goleador internacional de sufrido paso por la Selección Argentina. Hace unas semanas le preguntaron si, ya retirado, planeaba ser entrenador. Tomándose la cara con gesto estresado, respondió: “No; no puedo poner de acuerdo mi cabeza, mirá si voy a poner de acuerdo a 30 cabezas”.

Poner de acuerdo a 30 cabezas, o al menos a 11, es una lúcida manera de explicar el fútbol y, como es obvio, refiere a lo delicado de lo mental y no a lo visible de lo técnico. Por eso la distancia entre el triunfo y la derrota puede ser un sutil e inadvertido cambio de ánimo.

En verdad, el fútbol no es original en lo que requiere: sentido común, cierta picardía para “leerlo” y equilibrio anímico que ayude a transitar el desproporcionado valor del resultado.

Justamente las cualidades que Scaloni puso el viernes en valor, alejándose de cualquier pensamiento mágico y del exitismo fácil. “Puede pasar (la derrota), es fútbol (…) Hay momentos en que se puede ganar y se puede perder (…) Se puede perder, es un mensaje para todos. El tema es cómo te levantás”, dijo con calma.

Aceptar la posibilidad de la derrota quizá sea la mayor señal de sensatez que puede ofrecer un deportista. Y desde esa realidad, luego buscar la victoria, claro.

Que nadie lo pierda de vista será un ejemplo de madurez, más allá de cualquier resultado.

Y por fin, ojalá hoy gane la Argentina.


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