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Se van, ¿y ahora qué viene?

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Se van. Parten. Se marchan. ¿Se desdibujan? Se fragmentan seguramente. ¿Se pierden en la historia? No necesariamente. Las secuelas y las cicatrices persisten y persistirán. La sociedad fue castigada y herida hasta lo más profundo.

Se pauperizó la Argentina masivamente, robaron arcas públicas porque las cosas hay que decirlas como son. Deja el poder según la percepción mayoritaria una cleptocracia organizada, en la que los cleptócratas no solo fueron quienes literalmente gobernaron sino también diversos habitantes del poder más allá de retóricas diferencias políticas.

Se pulverizaron valores morales y la vida en buena medida quedó en manos de drogadictos, motochorros y hasta de violadores irresponsablemente liberados.

Los chicos son pobrísimos en su mayoría, y el nivel educativo desciende y desciende.

Y eso es el infierno mismo.

Porque es verdad; la ignorancia es la madre de todos los males.

Hubo mentiras al por mayor y cinismos sistemáticos, lujos expuestos ante millones de pobres, mansiones, embarcaciones, repartijas inconcebibles de botines ajenos.

La pregunta arraiga en lo que viene a partir de mañana.

La sociedad votó por la motosierra.

Y la motosierra llegará.

Y el desierto del ajuste que será arduo y rudo, será tan incierto como toda travesía sobre las arenas que ofrecen tras grandes dificultades y distancias tierras prometidas que pueden enunciarse pero que no se ven.

De pronto el horizonte se volvió bíblico: Antiguo Testamento, Macabeos, capítulo 3, versículo 19: «En una batalla, la victoria no depende del número de soldados, sino de las fuerzas del cielo».

Está de moda ahora ese párrafo milenario.

Este no será solo el gobierno de un economista heterodoxo, sino también el de un místico.

El Viejo Testamento renueva su presencia.

La mística pareció contagiarse y el entusiasmo, previo al ajuste que llega, alcanzó niveles paroxísticos por momentos.

¿Qué son las fuerzas del cielo?

Fe, ajuste y economía sin plata. La trilogía que envuelve al clima afronta pruebas de altísima exigencia.

El ajuste es imprescindible, pero cuidado con el “ajusticidio”.

Enunciaba Fridrich von Hayek uno de los íconos de la escuela austríaca de economía quizás insólitamente ahora en el candelero argentino: “La generación de hoy ha crecido en un mundo donde, en la escuela y en la prensa, se ha representado el espíritu de la empresa comercial como deshonroso y la consecución de un beneficio como inmoral, y donde dar ocupación a cien personas se considera una explotación…”

Ahora aparentemente, todo cambia.

También pregonaba Hayek: “Cuanto más planifica el Estado, más complicada se le hace al individuo su propia planificación”.

Los que se van del poder poder se especializaron en planificarlo todo, en especial, en muchísimos casos para beneficio de los propios planificadores.

Sin embargo, hoy por hoy el anarcocapitalismo parece utópico, porque el Estado aún existe y porque empíricamente no puede probarse que toda resolución estatal es meramente el diseño de una estafa por venir.

En la visión de Murray Rothbard sin embargo, el Estado es un usurpador de la libertad de la mayoría y un beneficiario autoritario de ese poder que configura una casta oligárquica.

Se termina de todos modos lo que Octavio Paz denominaría “El Ogro filantrópico”. El Estado distribucionista con dinero emitido sin respaldo que pergeña caridad para socios y palazos económicos para la mayoría. Los índices de pobreza así lo indican.

Al ultra magnate Elon Musk le interesaron las propuestas de Milei y hasta lo felicito por ellas. Coincide con el concepto del presidente electo en relación a la “justicia social”, más bien proveedora de injusticias según esa visión que sintonizan al unísono

Milei y Musk. La justicia social implica de acuerdo a esa mirada sacar del bolsillo de los que merecen el dinero para desplazarlo hacia los que no lo merecen en tanto aguardan pasivamente recibirlo porque el Estado -consideran-los debe mantener.

Es un concepto complejo. No toda prosperidad es merecida y no toda pobreza es producto de la pasividad.

Ahora llega la hora de la verdad. Las Fuerzas del Cielo van a aterrizar mañana mismo en los muy turbulentos senderos argentinos.

Es preciso que el cielo se adentre en lo más profundo corazón de la noche argentina.

Los desafíos parecen sobrehumanos: no más piquetes. Ajuste extremo. Transformación de una cultura estatista en una liberal.

Cabe recordar que no hay liberalismo con fanatismo. El liberalismo histórico es un proceso de aprendizaje cívico en el que predomina el libre pensamiento.

De defender el derecho a pensar y por lo tanto de sostener permanente el derecho a criticar.

Una espiritualidad ajena a la dominante en la Argentina ha seducido al presidente electo.

El judaísmo veterotestamentario es una travesía desde la opresión hacia la libertad.

Pero ese peregrinaje es incierto y requiere de milagros, que se abran los mares por ejemplo.

En la política real los milagros si existen no se perciben. No al menos a simple vista.

Y los mares suelen volverse tsunamis de reclamos.

El cielo es invocado por todas las religiones. Jesus ascendió a los cielos. Mahoma también.

La altura celeste es el hábitat del misterio de lo humano, y es la emoción de la trascendencia.

Salva a veces de las desventuras de la inmanencia que es esta vida amarga.

¿Nos salva imaginariamente o realmente?

La Argentina cambia mañana.

El problema, el gran desafío y la verdad es el día después de mañana.


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