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Sergio Massa puso un pie en Energía y resisten los embajadores militantes

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Creer o reventar: más bien reventar. ¿Cómo puede ser que Alberto Fernández se desvele por conseguir una cita que no llega con el presidente Biden y al mismo tiempo el embajador en Beijing, Sabino Vaca Narvaja, condene la visita a Taiwán de Nancy Pelosi, la poderosa jefa del congreso norteamericano y aliada de Biden?

Pasa, encima, que no sólo Fernández prepara la mochila. Massa también viaja a Washington a pasar la gorra. Poco menos que ahogado por la falta de dólares, buscará apoyo del Tesoro norteamericano y del FMI. Es el mismo intento que hizo Silvina Batakis antes de que estando allá y camino al aeropuerto, la corrieran de Economía y la mandaran al Nación. Entre paréntesis: sería bueno que a Massa le fuera mejor que a ella.

Vaca Narvaja se achinó tanto hasta en apariencia que a veces parece embajador de China. Hace poco más de diez días, el nuevo representante en Venezuela, Oscar Laborde, hizo otro aporte a la confusión general: convocó en Caracas a “plantarse frente al imperialismo”. O sea, al único imperialismo que ellos conocen: Estados Unidos. A su modo, Laborde se nos venezolanizó.

Argentina tiene una política exterior bicéfala. La oficial incluye a embajadores de carrera y algunos que no lo son pero que están ligados a la disciplina diplomática. El kirchnerismo sumó una nueva categoría: la de los embajadores militantes.


Ante la falta de dólares, Sergio Massa busca el apoyo de Estados Unidos. Se reunió el fin de semana con el embajador Marc Stanley.

Está claro que necesitamos de Estados Unidos como pocas veces y está claro que los embajadores militantes como Laborde y Vaca Narvaja o Raimundi en la OEA y Capitanich en Nicaragua miran otra película o creen que es la que Cristina quiere que vean. Asumen la defensa del gobierno del país donde están y compran conflictos y enemigos ajenos y, lo peor: en nombre de un supuesto internacionalismo progresista invisibilizan violaciones a los derechos humanos.

El Banco Central sigue acá perdiendo reservas a chorros. Desde la designación de Massa, se le fueron más de mil millones de dólares. Ultimamente, sobre todo importaciones energéticas. Massa logró avanzar sobre ese área, que Cristina dominaba de punta a punta. En realidad, aún no se sabe si consiguió poner los dos pies o solamente puso uno: al otro lo tiene en el aire, y Cristina le jugó, en su propio juego, también a dos bandas.

Los anuncios del lunes, leídos con cierto apuro, y transmitidos con igual apuro por el aparato marketinero del ministro, quisieron pasar la sensación de que el kirchnerismo le aflojaba. Cristina jugó cartas iguales: pasó la impresión de que lo deja, pero no parece ser para tanto. Un dato: el subsecretario Basualdo se fue. Era el adoquín en el zapato del renunciado Guzmán, que se le resistió con las tarifas y contribuyó como el que más a su deposición.

Pero creer que Cristina se mandó en este asunto a cuarteles de invierno es conocerla poco o desconocer su historia. Movió a Federico Bernal, que sigue siendo el mismo Bernal de siempre, bien cristinista aunque también cercano a Manzano, del ente del gas a manejar el área de hidrocarburos. Si el tarifazo anunciado por Massa pega mal, Cristina intentará decir: ¿yo?, Argentina. El viejo truco de sacarse la responsabilidad de encima.

La salteña Flavia Royón es la nueva secretaria de Energía. Se especializó en la explotación de litio, un recurso clave.

La salteña Flavia Royón es la nueva secretaria de Energía. Se especializó en la explotación de litio, un recurso clave.

Hay otros datos no políticos sino más bien de negocios en estos cambios. La salteña Flavia Royón reemplaza al muy K Darío Martínez, que se llevaba mal con casi todo el mundo. Era secretaria provincial de Minería y se especializó en la explotación del litio, donde Manzano, que no hace falta insistir en cuánto tuvo que ver con el encaramamiento de Massa, se mueve como pez en el agua. El litio es un recurso clave para la fabricación de baterías y dispositivos electrónicos. Argentina es el cuarto productor mundial y calculan que podríamos pasar de exportar US$ 200 millones a US$ 4.000 en seis años.

La exploración y producción se concentra en Salta, Jujuy y Catamarca. Desde Integra Capital, que preside y es una direccionadora de inversiones, Manzano ha comprado ahí campos con potencial minero. Ya es un jugador importante en el negocio pero no produce: compra y vende. Es un intermediario de inversiones. En 2020 hizo un joint venture con la australiana Latin Resources para explorar y extraer litio en Catamarca.

Muy cercano al gobernador Morales, Manzano pegó un volantazo en Jujuy: compró Minera Aguilar a la norteamericana Glencore. La mina de Aguilar tiene 90 años y está casi agotada. Dicen que más que continuarla, se propone cerrarla, una operación audaz como Manzano y difícil por sus implicancias ecológicas.


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