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Sergio Massa se pone a prueba, ¿y hasta dónde acompañará Cristina Kirchner?

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La estrategia electoral 2023 de Cristina Kirchner, el proyecto refugio en la provincia de Buenos Aires y la idea de unas PASO nacionales con varios precandidatos para darle volumen político al frente, fue triturada por la dinámica de la crisis económica y por la última carta a la que apuesta el Gobierno para la etapa que encarnará Sergio Massa. A Ernesto Sabato le gustaba jugar en sus obras con que un pequeño hecho cambiaría para siempre el destino de una persona. En este caso, podría decirse que reencauzar o no la economía, podría modificar el futuro político del Frente de Todos.

“Si a Sergio le va bien, no sólo es el candidato del espacio en 2023 sino que Alberto pasa a ser un expresidente; y si le va mal, en diciembre del año que viene nos estrellamos todos, incluso la provincia de Buenos Aires”, resume con crudeza un funcionario kirchnerista.

En el oficialismo admiten que el poder del Presidente se ve menguado con el arribo de Massa. “Alberto ya no tiene mucho para dar”, reflexionan. Pero un ministro asegura que si la situación económica se logra acomodar, el Presidente va a ser receptivo de esa mejora, aunque no para pensar en una reelección sino para que tenga algo de reconocimiento por haber habilitado, junto a Cristina, el ingreso del tigrense.

Un integrante de lo que fuera el albertismo tácito -porque el mandatario nunca permitió que alumbrara- define a Massa como “un tipo de la política, que genera expectativa, aunque no tiene muchas balas en la recamara”.

Quienes aún respaldan al mandatario pese a que dejó ir a una larga lista de ex funcionarios de su riñón, aseguran que Alberto Fernández “no será obstáculo de nada y nunca lo fue”. En una interpretación válida, que linda con un análisis psicológico, aseguran que el mandatario siempre reaccionó mal cuando las cosas que le planteaban eran hechas de manera agresiva. Aluden así a Cristina Kirchner, que le fue haciendo reclamos con dureza acerca de la necesidad de reestructurar el Gabinete o de que Massa asuma en un super ministerio. “A nadie le gusta decir que sí a las patadas”, dicen.

En términos más técnicos, en Balcarce 50 apuntan a una prolongada corrida cambiaria de más de un mes, debido al nivel de reservas “producto de sostener un crecimiento económico con importaciones de más de 6% el primer semestre y las de energía incrementadas por la guerra”. Como corolario de eso, señalan que “dar vuelta la tercera corrida le significó a Alberto tomar decisiones de fondo que generen la certeza de que la coalición no se rompe y que el Gobierno no tiene riesgo de desestabilización institucional como trataban de instalar”.

El detalle es que en muchos casos, quienes intentaban instalar que el Gobierno corría riesgo de terminar el mandato o de que aumente la conflictividad social vía saqueos eran los propios ultra kirchneristas como Juan Grabois. El golpe blando parecía venir desde las entrañas del kirchnerismo.


Sergio Massa. Foto: Emmanuel Fernández

En Casa Rosada nadie duda que Massa no hará lo que hizo Alberto: resignar la construcción política de un espacio dentro de la coalición del Frente de Todos. El massismo ya existe en torno al Frente Renovador, un partido político devaluado -luego que Massa se incorporara al FdT- si se lo compara con la elección presidencial del 2015 o las legislativas del 2017. Es casi automático que esa fuerza adquirirá nuevos bríos. “No hay dudas que Sergio va a construir pero sabe que primero tiene que mostrar capacidad de gestión y ordenar este quilombo. Después sí”, razona un intendente bonaerense.

“Ya en las rondas de conversaciones con Alberto había desaparecido cualquier alusión a las elecciones. Esto resetea todo. Hay una apuesta fuerte a que los tres puedan volver a poner competitivo al peronismo”, indica un funcionario. Esa lógica no pasa por alto que cuando Cristina y Alberto se peleaban, se empezaba a diluir el 30 por ciento histórico del público kirchnerista y quedaba muy lejos el 40 que necesitan para dar batalla a Juntos por el Cambio.

En La Plata, cerca del gobernador Axel Kicillof se sienten tranquilos, respecto de sus aspiraciones reeleccionistas, con la llegada de Massa. Entienden que si consigue algunos logros buscará ser el candidato presidencial por el espacio. Y los objetivos de ambos, en principio, no se cruzan.

El interrogante es si se cruzarán los intereses de Massa y de Cristina. De acuerdo a la mirada de Massa respecto a cuestiones económicas como la suba de tarifas y el recorte de subsidios; de la emisión monetaria; o la lucha contra la inflación y el rol del control de precios; se tratan de aspectos que colisionan con el cristinismo, que ha propuesto todo lo contrario a lo que profesaban Martín Guzmán, Silvina Batakis y que el propio Massa predicaba desde hace mucho tiempo.

Lo que juega a favor del designado ministro de Economía es que todos observan a Cristina y a La Cámpora más conscientes acerca de la crisis que se los podría llevar puestos si no hacen lo que hay que hacer. “Esto es un hospital de campaña, en el que hay que pagar el incendio en los próximos 30-60 días. Seguro después van a aflorar esas diferencias”, admiten el oficialismo.

La primera quincena de agosto será clave para mensurar qué propuestas trae Sergio Massa y su viabilidad, no sólo a nivel del funcionamiento de la macro economía, sino puertas adentro de la coalición gobernante.

«Hay que tener una hoja de ruta para blindar reservas y ordenar el gasto», dijo Massa a sus colaboradores, como uno de los lineamientos que tendrá su gestión. Concepto que no replica de la misma manera en el mercado que en el Instituto Patria. ¿Cuál será el límite del acompañamiento de Cristina?

Por ahora, el clima que rodea a Massa es de puro optimismo y desafío. «Decidí asumir la responsabilidad que me toca con alma y vida», tuiteó este domingo por la tarde, dándole una impronta de épica a su desembarco. En su entorno, aseguran que «está en su salsa y no para». Un dirigente lo saludó el sábado a media tarde por su nuevo rol, deseándole mucha suerte. Massa le respondió a las 4.02 de la madrugada cuando, le dijo, estaba terminando su día.

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