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Serguéi Guríev: “La Unión Soviética necesitaba un plan Marshall como el europeo” | Internacional

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“En el espacio postsoviético, la modernización equivale al desarrollo de un modelo económico, político y social europeo”, afirma Serguéi Guríev, profesor en el Instituto de Estudios Políticos de París (Science Po). Economista jefe del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) desde 2016 hasta el pasado verano, este experto ruso fue durante nueve años rector de la Nueva Escuela de Economía (NES) de Moscú hasta 2013, cuando abandonó su país ante posibles represalias por sus convicciones políticas de oposición.

Desde Moscú, EL PAÍS entrevistó a Guríev, vía Skype, en vísperas del 30 aniversario de la caída del muro de Berlín. Este acontecimiento fue un símbolo del proceso que dos años después culminaría con la desintegración de la Unión Soviética en diciembre de 1991.

Todos los países postsoviéticos han recuperado el nivel económico de 1991, asegura Guríev, aunque precisa que “puede ser que Ucrania lo supere un poco solamente”. “Los países más modernos son los del Báltico”, pero, dejando de lado estos Estados (Estonia, Letonia y Lituania), ya integrados en la Unión Europea, las 13 repúblicas soviéticas restantes siguieron sus propios caminos.

Rusia, Bielorrusia y Ucrania tenían “la mejor posición de salida” en 1991, pero Kazajistán y Georgia fueron “los que usaron mejor sus recursos”, explica. El profesor se basa en su gran experiencia en el estudio de transiciones desde el sistema planificado soviético al de economía de mercado. También se basa en otros criterios, entre ellos los índices de la gobernanza global empleados por el BERD. “Desde el punto de vista del capital humano y la calidad de la educación, Rusia encabeza el entorno postsoviético, pero si juzgamos por las instituciones políticas y las reformas, el primer país ha sido Georgia,” afirma.

Refiriéndose a la “falta de deseo de Occidente de ayudar a Rusia en la reforma”, Guríev explica que “Rusia no obtuvo las sumas que hubieran podido mitigar una dolorosa transformación económica y, en los tiempos más difíciles, recibió unos contados miles de millones de dólares, mientras un país como México, que pasaba una crisis, recibió decenas de miles de millones”.

En cuanto a la ayuda financiera de Occidente a la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, el presidente de aquel país, “obtuvo préstamos y subvenciones, tampoco mucho, pero la financiación se acabó al arruinarse la URSS ”, dice. Y puntualiza: “El Banco Mundial y el FMI, no podían darle dinero a la URSS, un país que no era socio de esas instituciones”. La cumbre del G7, celebrada en julio de 1991 en Londres, hubiera sido una buena oportunidad de ayudar a la URSS, reconoce Guríev, pero “faltó liderazgo y coordinación”.

El economista cita al ex jefe del Gobierno de Suecia Carl Bildt, quien habría dicho: “Occidente estaba demasiado preocupado por sus propias cosas; Alemania estaba centrada en la reunificación; en Estados Unidos había elecciones y Japón pensaba en cómo recuperar las islas (Kuriles)”. La URSS, opina Guríev, hubiera necesitado un plan Marshall como el que EE UU lanzó para Europa tras la segunda guerra mundial.

Entre los errores de Rusia al iniciar la transición, Guríev cita la intervención de “gente corrupta y deshonesta” que generó “desconfianza” en la sociedad, “la falta de preocupación por los pobres y “la incapacidad de comunicar la estrategia de reforma”.“Los precios del petróleo eran bajos y no había recursos para amortiguar los impactos socioeconómicos de la reforma”, dice.

Por la calidad del Gobierno y por la corrupción, Rusia va peor que los países del Este de Europa, señala el experto. También Ucrania “es un país muy corrupto, aunque ahora está mejorando”, puntualiza. Ambos países padecen la emigración. En Ucrania “la gente cultivada emigraba o bien a Rusia o bien a Occidente, pero ahora van a Europa del Este y a Polonia”. “Rusia es muy grande y no se van a ir todos, pero el hecho de que se hayan ido varios millones de personas educadas, es un gran golpe para el país, de la misma manera que la emigración de los ucranianos a Polonia es una gran pérdida para Ucrania. Cuando en ambos países haya menos corrupción, mucha gente volverá”, señala.

”Por el nivel de ingresos, Rusia es la que está en mejor posición hasta ahora, pero en los últimos cinco años, o incluso diez, no tiene crecimiento económico”. Ucrania, en cambio, es el mayor fracaso. Hace 30 años, tenía el mismo nivel de ingresos que Polonia, pero hoy la diferencia es de tres veces a favor de este último país”, dice.

En estratificación social, “Rusia es uno de los campeones del mundo por la desigualdad (en el reparto) de la riqueza; en Ucrania hay también gran diferenciación, mientras Bielorrusia tiene menos desigualdad, según datos oficiales. El “alto nivel educativo y el bajo nivel de corrupción en la sociedad” son buenas cartas en poder de Minsk. “Sin las subvenciones rusas, Bielorrusia tendrá problemas, pero, por otra parte, ha cosechado muchos éxitos en el sector de tecnologías informativas, tiene empresas informáticas, parques tecnológicos y buenos programadores, lo que “será una ventaja si decide moverse hacia Europa”.

De los más diligentes, Kazajistán “utilizó el dinero del petróleo para invertir en infraestructura y en educación. Envió a la gente a estudiar al extranjero y fundó la universidad Nursultán Nazarbáyev con un modelo occidental. Pese a sus muchos problemas, el país centroasiático ha alcanzado a Rusia por su nivel de vida medio. Se trata de un gran logro, considerando que hace 20 años Kazajistán era hasta dos veces más pobre”, señala.

Georgia, a su vez, “hizo una reforma muy seria para atraer inversiones, luchar contra la corrupción y construir instituciones democráticas. Pese a un retroceso en la lucha contra la corrupción en los altos niveles en los últimos años, Georgia continúa siendo un país más o menos democrático y con muchas inversiones extranjeras. Orientado hacia la integración euro atlántica, Georgia es pionera de las reformas en la ex URSS, si se exceptúan los países del Báltico”. Los Estados más pobre son Tayikistán, en oriente, y Ucrania y Moldavia, en occidente.

“En su conjunto la URSS estaba demasiado industrializada”. “El paso de la industria pesada a la agricultura y al sector de los servicios tenía que suceder y eso puede significar una agricultura moderna, como se ve en Rusia. Por otra parte, en Ucrania hay algunas empresas industriales que se modernizaron y se ha desarrollado el sector servicios con informáticos y compañías de alta tecnología locales. “Hay muchos matices, pero no existe un país postsoviético que se haya convertido en una potencia industrial moderna”. La industria de defensa “renace” en Rusia, pero aún así, “no se puede comparar con la de la URSS, donde la mitad de la industria trabajaba para el sector militar”, dice.

Al comparar la Rusia de hoy con la de 1991, estamos ante “una economía mucho más global y más integrada en el mundo, que vende más petróleo y que depende en mayor medida de los precios de las materias primas”. La “diversificación supone desarrollar las altas tecnologías y los negocios relacionados con el conocimiento y el sistema financiero y ello exige un sistema legal, la defensa de los derechos de propiedad y la lucha contra la corrupción”, explica. Y añade: “Las autoridades de forma totalmente consciente no quieren combatir la corrupción, ni construir un sistema legal ni tener jueces independientes porque temen que eso origine riesgos políticos. Lo que quieren es permanecer en el poder, aunque ello cueste caro desde el punto de vista del desarrollo económico” señala.

Tras la reunificación, la República Federal de Alemania fue acusada de haber engullido la industria de la República Democrática Alemana, e incluso de destruirla para evitar su competencia. Al desmoronarse la URSS, ¿se destruyeron industrias o actividades que hubieran podido ser eficaces en la nueva etapa de paso al mercado? “Lo que funcionaba bien ha subsistido, dice, y, como ejemplo en Rusia, cita la producción de titanio para la industria aeronáutica, el sector de programación y la producción de cereales. “Hay muchas cosas que sobrevivieron y continúan funcionando”, afirma.

La integración económica de Rusia con las antiguas repúblicas soviéticas “ayuda sobre todo a estas, a acceder al gran mercado ruso”. Para Rusia, los beneficios de esta integración no son comparables con los que podría obtener si fuera parte del mercado europeo, explica el experto. “La Unión Económica Euroasiática tiene perspectivas, si sus miembros restablecen la confianza en Rusia, que se quebrantó en 2014 como consecuencia de la intervención de Moscú en Ucrania. Las sanciones impuestas a Rusia como consecuencia de su política en Ucrania “influyen negativamente”, pero “no tienen un efecto catastrófico”. “Rusia necesita inversiones y tecnologías extranjeras y sin ellas no puede desarrollarse”, afirma.

¿Cuál es el mejor lugar para vivir en el entorno postsoviético? “Si se puede abstraer de los problemas vinculados con la democracia, Rusia es el mejor país y Moscú es una ciudad buena y bella con gran nivel cultural. Pero si no puede abstraerse de problemas como corrupción o represión, es difícil encontrar países de calidad en la ex URSS”, comenta.”Los servicios médicos dejan mucho que desear y el nivel de las pensiones es bajo, así que lo mejor es vivir en Europa Occidental o Central”, dice Guríev, Al desintegrarse la URSS, cuenta, San Petersburgo era el entorno más favorable a las reformas, por el alto nivel de educación y la cercanía a Europa, pero la situación fue aprovechada por “bandidos y delincuentes”.


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