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«Si ella gana, mi madre y yo volveríamos a España»

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David Respaut-Lizon, de 36 años, se muestra «muy preocupado» por lo que pueda ocurrir el domingo. No descarta que la ultraderechista Marine Le Pen gane el duelo que la enfrentará con el liberal Emmanuel Macron en las urnas. Los últimos sondeos reflejan que la distancia entre ambos va en aumento a favor del actual presidente de Francia, pero han estado muy cerca y nada está escrito. «La diferencia es muy corta comparada con la de hace cinco años», recuerda.

Hijo de francés y española, David vive en París desde hace dos años y medio. Se trasladó desde Madrid porque le surgió una oportunidad laboral y por el momento no tenía pensado volver a mudarse, pero todo puede cambiar en función del resultado de una segunda vuelta que ha dejado atrás a una decena de partidos. «Si Le Pen es nombrada presidenta, mi madre y yo volveríamos a España. Conozco a mucha gente que se iría. Incluso amigos financieros que se vinieron por el brexit regresarían a Londres», relata y califica de «catástrofe económica y social» una victoria de la Agrupación Nacional. 

«Rompería el eje franco-alemán defensor de la UE. Cambiaría todo el sistema diplomático francés. Ha hablado de una alianza más o menos militar con Rusia. Habría mucha más policía en las calles y ya hay suficiente. Se recortarían las libertades; ya hay medios que no están admitidos en sus ruedas de prensa. La separación de poderes quedaría aniquilada porque quiere intervenir en todo», enumera David, antes de destacar que a nivel económico lo suyo son «promesas vacías». «Propone bajar los impuestos a los hidrocarburos un 5%, suprimir el IVA de cien productos esenciales… Todo eso es muy bonito, pero a nivel financiero, imposible. Francia tiene una deuda descomunal», continúa. 

El joven, con doble nacionalidad, votó en 2017 a Macron y no se siente defraudado. De hecho, lo volvió a hacer en la primera vuelta de estas elecciones. Defiende que el mandatario llega desgastado «por las circunstancias» pero pone en valor la gestión que ha hecho de la pandemia del coronavirus o que se haya atrevido a reformar la Seguridad Social y el sistema de jubilación, «algo que otros Gobiernos no quisieron abordar». 

A casi 1.300 kilómetros de distancia, Benjamin Ferron también apoya al candidato de En Marcha. De la misma edad que David, vive en Madrid desde hace una década, pero sigue votando en su país, muy interesado por lo que en él ocurre. Tiene la misma inquietud ante la posibilidad de que, por primera vez, lo que se denomina frente republicano o barrera republicana no consiga frenar a la ultraderecha. Es lo que en España se conoce como cordón sanitario y consiste en la unión de los partidos convencionales para evitar la llegada al poder de formaciones consideradas extremistas.

Esa barrera funcionó en 2002, cuando Jacques Chirac obtuvo el 80% de los votos frente a Jean-Marie Le Pen. Fue igualmente efectiva hace cinco años, con los mismos protagonistas de este 2022, pero ya entonces el resultado de Macron bajó en 24 puntos frente al de Chirac. No obstante, aquel 66% frente al 34% de su contrincante reflejó una diferencia considerablemente superior al 55-44 que auguran ahora las encuestas. 

«Vemos que el Partido Republicano, lo que sería el PP en España, que siempre ha llamado a votar en contra de la extrema derecha, está dividido en esta ocasión. Líderes muy importantes instan a apoyar a Le Pen, otros dicen que a Macron y otros que a ninguno de los dos. Las cosas están cambiando y asusta. Ya no dan miedo las ideas de la extrema derecha. Es como si las estuviésemos normalizando. El populismo va en aumento, pero no solo en Francia. Es algo común en toda Europa», alerta Benjamin.

Le Pen podría arrastrar en ese contexto a parte del electorado de la derecha tradicional, pero no se descarta que sume igualmente votantes entre el otro extremoCerca del 67% de los participantes en una consulta de simpatizantes del partido de la izquierda radical Francia Insumisa afirma que se abstendrá o que votará blanco o nulo el domingo. Un tercio de los votantes del partido dirigido por Jean-Luc Mélenchon estaría incluso dispuesto a votar por Le Pen. 

«Yo lo que veo en mi círculo, entre mis amigos, treintañeros de clase media, es un descontento importante con Macron. Venía a representar el centro, con ideas de derechas en el ámbito económico y de izquierdas a nivel social, medioambiental y feminista. Y hay descontento en las dos partes porque ha dejado muchas propuestas sin cumplir», cuenta por su parte Ana Cerezal. Esta madrileña de 32 años lleva casi ocho residiendo a las afueras de París y por los entornos en los que se mueve cree que es posible que Le Pen «se lleve los votos de prácticamente toda la derecha» mientras Macron «no parece que vaya a aglutinar a la izquierda». 

Ana conoce a varias personas que se encuentran entre ese grupo que se plantean introducir una papeleta en blanco en la urna. «No van a abstenerse porque le dan mucha importancia al derecho al voto, pero no apoyarán a ninguno de los dos candidatos a pesar de que están totalmente en contra de la extrema derecha. Hablo de la capital. En los pueblos puede que eso se traduzca en abstención», comenta. 

«Nadie de mi entorno de centro o de izquierdas se siente representado. En la primera vuelta tenían la sensación de que había muchos partidos de izquierdas sin un candidato fuerte. Y al final siempre se repite el mismo esquema: a la segunda vuelta pasan alguien de centro derecha y alguien de extrema derecha. ‘Estamos cansados‘, me decía estos días una amiga», agrega la joven. 

Ana trabaja como responsable de Marketing en una empresa tecnológica francesa y cree que una victoria de Le Pen tendría un impacto muy directo en su trabajo: «Macron es considerado el político de las nuevas economías, de las startups… Favorece a ese sector con ayudas e impulsa la inversión extranjera. Le Pen no tiene nada que ver. No hace hincapié en este tipo de sectores, plantea ciertas nacionalizaciones, más apoyo a las empresas nacionales… Todo eso puede suponer que las que se están internacionalizando, como la mía, se encuentren con trabas. Atraer capital extranjero con ella como presidenta sería más difícil«. 

Su proyecto de vida pasa por permanecer en París, no tiene intención de regresar a España. «De momento me quiero quedar aquí«, responde. El domingo por la noche se conocerá en qué modelo de país. 


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