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Taiwán celebra este sábado unas elecciones ajustadas con el conflicto entre China y Estados Unidos como telón de fondo

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Taiwán se prepara para votar este sábado. Las encuestas agoraran un final ajustado entre los partidos más cercanos a China y el actual partido de Gobierno, que en las pasadas elecciones locales sufrió un revés del que aspira a recuperarse. La política nacional taiwanesa está fuertemente marcada por el conflicto territorial con China y la pugna por el control regional entre Washington (principal aliado) y Pekín, así que lo que ocurra este fin de semana marcará inevitablemente el futuro de una isla de menos de 24 millones de personas y, a la vez, del tablero geopolítico mundial. 

Aunque ninguno de los tres grandes aspirantes al poder habla abiertamente de romper el statu quo actual, en el que Taiwán no ha declarado formalmente la independencia pero tampoco está bajo control de China, la tercera victoria consecutiva del Partido Democrático Progresista (PDP) constituiría una afrenta para Pekín. El presidente chino, Xi Jinping, ha hecho de la reunificación de la isla con el territorio continental una de sus grandes pretensiones políticas y, por ello, no duda en azuzar los fantasma de un posible conflicto si fuera necesario.

Mientras tanto, las nuevas generaciones taiwanesas, principales votantes del PDP, empiezan a ver anacrónica una reunificación y la visión nacionalista de Taiwán aflora con fuerza. «No es un país grande, pero es un símbolo, porque se consideran desde 1949 como el Gobierno legítimo de toda China. De hecho, tuvieron el asiento chino en Naciones Unidas hasta los años 70″, recuerda a 20minutos Mario López Areu, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontifica Comillas. «Hay cierta ruptura generacional entre la vieja población taiwanesa que nació en China y se exilió a Taiwán tras la guerra civil y las generaciones más jóvenes que no han tenido relación con China. Estos se sienten taiwaneses y abrazan al Partido Progresista», agrega.

Bajo el actual Gobierno del PDP, las relaciones entre China y Taiwán han sufrido un importante retroceso, con incursiones diarias del Ejército chino en el mar territorial y el espacio aéreo taiwanés. Esto ha llevado a Taiwán a elevar su gasto militar hasta el 2,5% del producto interior bruto (PIB), aumentar la compra de armamento procedente de Estados Unidos y a extender el servicio militar obligatorio de cuatro a doce meses a partir de este año. William Lai, candidato oficialista, promete mantener las políticas de Tsai Ing-wen en base a cuatro pilares: impulsar la disuasión militar, fortalecer la seguridad económica de la isla, profundizar las relaciones con las principales democracias del mundo y mantener una política pragmática hacia China. 

Lai parte como favorito según la mayoría de los sondeos, seguido por los opositores del Kuomintang (KMT), Hou Yu-Ih, y del Partido Popular de Taiwán (TPP), Ko Wen-je. Pese a que estos dos últimos trataron de concurrir juntos, finalmente las desavenencias políticas impidieron la coalición, reforzando las posibilidades de victoria del PDP. Las encuestas publicadas hasta el 2 de enero dan como ganador al candidato oficialista, que lidera con más del 35% de apoyo, frente al aspirante del KMT con el 28% y del TPP con casi el 24%, según la media de 14 sondeos recopilados por el medio local Taiwan News.

El conflicto con China, epicentro del debate

El tono de la campaña electoral ha aumentado a medida que se acercaba el día de las votaciones. La relación con China es la gran protagonista y la dicotomía entre «guerra y paz» y «dictadura y democracia» ha marcado el debate político. De hecho, el Gobierno taiwanés ha acusado a China de querer influir en el resultado electoral, algo que Pekín ha negado categóricamente. 

Las simpatías de China están más que claras: Pekín prefiere una victoria de la oposición, ya sea de Hou Yu-ih (KMT) o de Ko Wen-je (TPP), antes que la continuidad de Lai. «Quienes están más a favor de la independencia o del statu quo que hay en este momento lo que dicen es que eso es un paso hacia la democracia real de Taiwán frente a un sistema político chino», afirma a este medio Ernesto Pascual, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Oberta de Catalunya.

El candidato del KMT apuesta por preservar la paz en el estrecho a través la disuasión, diálogo y distensión; mientras que Ko, más ambiguo que los otros dos candidatos respecto a su política hacia el continente, aboga por recuperar la comunicación con Pekín por medio del reconocimiento y el respeto mutuos. Ambos partidos convergen alrededor del consenso del 92, que ha sido la posición histórica frente al conflicto y que incluso Estados Unidos apoya, es decir, que solo hay una China. Esto no quiere decir que el PDP sea un partido abiertamente independentista, pero si considera que Taiwán ya no es un país con la misma identidad nacional que China. 

Por su parte, el gigante asiático se ha limitado a pedir a los taiwaneses que tomen «la decisión correcta». Advirtiendo, eso sí, de que «no mostrará piedad» ante «cualquier acto favorable a la independencia de Taiwán».

Salarios, vivienda y caída de la natalidad

Pese a que estás elecciones están marcadas por la relación con Pekín, no es el único tema en la agenda electoral, que cuenta con cuestiones sociales como los bajos salarios, y la falta de vivienda. Según datos oficiales, cerca del 20% de la población taiwanesa gana al mes menos de 30.000 dólares taiwaneses (882 euros), provocando problemas entre los más jóvenes para acceder a una vivienda en las grandes ciudades.

Otro problema interno es la crisis de natalidad. En 2023 nacieron 135.571 bebés en Taiwán, un 30% menos que en 2017, de acuerdo a cifras difundidas esta semana por el Ministerio del Interior. Con todo, los candidatos han dado propuestas similares para paliar estas situaciones, entre ellas la subida del salario mínimo, construcción de vivienda social o la ampliación de los subsidios a las familias con hijos. Esto demuestra cómo apelar a los sentimientos nacionalistas o de terror hacia un conflicto con China decidirá más votos que la situación del día a día.

«El año pasado las municipales las ganó el KMT y eso reflejó que la población estaba descontenta con las políticas domésticas», explica López Areu, que señala, sin embargo, que pese a aquel resultado, «estas elecciones no van de eso, sino de la relación con China en el futuro«. 

EEUU y el fantasma de una guerra entre potencias 

China ha denunciado públicamente la intervención de Estados Unidos en las elecciones y ha criticado las visitas «no oficiales» entre la isla y Washington. La portavoz del Ministerio de Exteriores chino Mao Ning dijo en una rueda de prensa que EEUU debe «abstenerse de intervenir» de «cualquier forma», para evitar causar «graves daños» a las relaciones bilaterales. Mao también criticó el anuncio de Washington de enviar una delegación «no oficial» a Taiwán después de las elecciones del sábado.

La interferencia china en Taiwán se ha producido a golpe de desinformación: desde lo más banal diciendo que la carne de cerdo norteamericana estaba envenenada, hasta que Estados Unidos vendía armas de segunda mano. «China ha intentado reducir esa visión positiva hacia los estadounidense como aliado fiable para Taiwán. Y, de hecho, lo estás consiguiendo«, afirma Pascual.

Estados Unidos tiene un acuerdo de seguridad con Taiwán por el que tendría que ayudarles si les invade China, previa autorización del Congreso. Lo que no queda claro es sí EEUU se embarcaría en ese conflicto abierto y, también, si a China le compensaría realizar esa invasión que tanto se ha alertado desde Taiwán. «Por un lado tenemos la cuestión doméstica, ya que Taiwán es un símbolo para el Gobierno chino, y por otro el componente geopolítico de cómo sería la respuesta de Estados Unidos en una hipotética anexión de la isla. Y si eso nos llevaría a un choque de grandes potencias», asegura Areu. 

«China, por por su propia dinámica interna, no va renunciar a Taiwán»

Según el profesor, el precedente de Ucrania es importante para ambos lados; para Taiwán, «porque se ha demostrado que la comunidad internacional no tiene herramientas para frenar una violación de la integridad territorial de otro país» y para China porque, pese al supuesto poderío militar, «Rusia no se ha anexionado a Ucrania ni está siendo un camino de las rosas». 

Otros factores serían los costes de una invasión terrestre y el control de una isla que tiene una capacidad de disuasión militar importante y aliados fuertes, así como las implicaciones para la economía y la estabilidad regional en Asia. «China, por por su propia dinámica interna, no va renunciar a Taiwán«, reconoce Areu, que apunta que esto no significa necesariamente que los resultados de este sábado provoquen el comienzo de una guerra que retumbaría los cimientos (ya quebrados) de la estabilidad global. 


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