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TODOS UNIDOS (QUE QUIZÁS TRIUNFAMOS)!

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Por Luis Tonelli. Más que “todos unidos triunfaremos”, la marchita debería rezar “si triunfamos, nos unimos”. Asi es el peronismo: un movimiento tremendamente solidario que acude presto en ayuda del que gana.

En estas últimas horas, hemos visto una andanada de imágenes que nos muestran expresionistamente la recomposición del peronismo detrás del liderazgo de la renacida Cristina Fernández de Kirchner. La ex Presidenta se apersonó “sin aviso” a la sede fantasma de un partido fantasma, hasta que Ella con su presencia lo llenó de sentido.  Y sin solución de continuidad, llegó a las redacciones el balde de agua fría para el gobierno, arrojado por la Corte Suprema que dio lugar al planteo de los abogados de CFK y se “abocará” a estudiar si sus reclamos, desestimados por todos los tribunales inferiores, tienen asidero. Lo que significa que la foto de campaña oficialista de CFK sentada en el banquillo de los acusados deberá esperar (si es que alguna vez tiene lugar).

La reconciliación de CFK con el “pejotismo”, como siempre a él se refirió despecivamente la ex presidenta es una bola a varias puntas: la primera, es mostrar que a ella los peronistas no solo no le cierran ninguna puerta sino que se sacan fotos con una sonrisa que se degüellan. La segunda, es la intención de CFK de acaballarse a los triunfos juticialistas en las provincias, que si bien no vienen siendo en nombre de ella, el kirchnerismo ha hecho su contribución sumando sus votos al del candidato peronista. La tercera, es obviamente barrer con esa construcción intermedia autodenominada peronismo republicano.

Círculo Rojo, observadores, y analistas habían puesto grandes expectativas en que un triunfo importante de Juan Schiaretti iba a ser el punto de partida para que ese nuevo líder peronista ordenara al “centro”, pusiera en caja al lote de competidores del peronismo racional, y hasta proclamara la fórmula de sus candidatos.

Schiaretti triunfó, pero su abultado número se debió en el acuerdo por debajo de la mesa con el kirchnerismo que le proporciónó gran parte de los votos que en 2015 fueron para Acastello, el candidato de CFK (en esa ocasión, Schiaretti obtuvo 40%, Acastello 17%. Para estas elecciones, Schiaretti juntó 53%). Más allá de la división suicida de la UCR cordobesa, que le ocasionó perder ese baluarte radical que era la ciudad docta, el radicalismo que había sacado 34 puntos con Aguad en 2015, esta vez repartió ese caudal entre Negri (18%), Mestre (11%) y los otros puntitos al vecinalismo. Ni un voto radical fue para Schiaretti.

Lo que habla de un problema de oferta que quiso, no pudo o no supo ser resuelto por el radicalismo local, ni el nacional, pero tampoco por el gobierno nacional (realmente, si el Presidente no puede disciplinar a un intendente y a un diputado, mejor que la Armada Oriental del departamento de Canelones no se le ocurra invadirnos, porque estamos fritos).

Sin embargo, esa toma del liderazgo nacional por Schiaretti no sucedió. Su discurso se guareció en la isla del cordobesismo. Habló de ese oxímoron para los peronistas rancios y gorilas peludos que es el “peronismo republicano”. Un discurso ONG, para un momento de decisión que no se dio, y que fue más una declaración de prescindencia. Se habla de próximos encuentros del “espacio del centro”, pero el kairos, o sea, la oportunidad política como la llamaban los griegos, fue desaprovechada por el cordobés.

Y dado que la política aborrece del vacío, ya que estamos en onda griega, ese espacio dejado vacante fue audazmente ocupada por la más audaz de las audaces: CFK. Los Supremos podrán dar todos los argumentos jurídicos que quieran, pero todos ellos son avezados jugadores que saben como van a ser leídas políticamente sus jugadas. Las parrafadas jurídicas no empardan el hecho que CFK no estará en el estrado de los acusados. Y eso ha sido un favor enorme en el camino de la ex Presidenta hacia una nueva candidatura presidencial (cosa que nunca se puso en duda en esta humilde columna).

Vaciándose el campo del peronismo de centro, la pelea queda reducida a ambos polos de la grieta. Así, poco importan las encuestas de preferencias electorales, porque la góndola estará vacia de producto por los que preferir. Operará más bien una deselección: en contra de los efectos económicos de la pésima gestión económica de los problemas económicos que hizo este gobierno de empresarios y economistas (solo sostenido por el apoyo inédito, increíble, histórico de, ni más ni menos, Donald Trump). O en contra de un retorno de ese populismo irresponsable, qué obsesionado con el ensanchamiento de su patrimonio personal, dejó pasar la oportunidad de oro de aumentar la competitividad argentina, dado el fabuloso contexto internacional del que disfrutó.

Pero lo cierto es que nada bueno puede construirse desde el resentimiento.


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