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Un adiós a la Italia de Scalfari

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Fallecido a los 98 años este jueves 14 de julio (aniversario de la toma de la Bastilla, fiesta nacional francesa), Eugenio Scalfari quiso ser y fue más que un periodista. Ante todo, era un empresario de la información periodística.

Con inteligencia y audacia, supo identificar los espacios disponibles, a veces incluso, como hacen los grandes empresarios, creó la demanda de productos periodísticos nuevos y originales. “L’Espresso “, del que fue cofundador en 1955, junto con Arrigo Benedetti, también periodista muy importante, fue en busca de lectores que quisieran huir tanto del conformismo ramplón e intolerante de la Democracia Cristiana como de las fórmulas repetitivas del comunismo de Palmiro Togliatti.

Liberales genuinos, aunque pocos, laicistas, progresistas, socialistas, los lectores de L’Espresso encontraron en esas páginas no sólo importantes investigaciones sobre la especulación inmobiliaria, el crimen organizado, la sanidad, la escuela y su atraso, sino también propuestas culturales al margen de los esquemas distintamente regresivos de la Democracia Cristiana y del Partido Comunista Italiano.

El propio Scalfari relató esas experiencias fundamentalmente romanas y destacó las cualidades de los colaboradores en un valioso libro: La sera andavamo in Via Veneto. Storia di un gruppo dal ‘Mondo’ alla Repubblica (1986), demostración, por un lado, de que en los años 50 Roma no era sólo la capital de la Dolce Vita y, por otro, de que había intelectuales que pensaban y escribían sobre la posibilidad de una Italia mejor.

La obra maestra de la iniciativa periodística de Scalfari es, sin duda, la fundación del periódico “la Repubblica”, lanzado meses antes de las elecciones generales italianas de 1976 que, según muchos analistas, podrían haber llevado al Partido Comunista de Enrico Berlinguer (con la propuesta del compromiso histórico) a superar en votos a los democristianos de Giulio Andreotti y Aldo Moro.

En Italia se habían sucedido nuevas generaciones, probablemente en busca de una política menos ideológica y más dinámica de la que ni la DC ni el PCI podían ofrecer. “la Repubblica” podía ser, fue, la apuesta de Scalfari, el diario de aquellos. Durante un par de años, pese a la presencia de grandes nombres del periodismo y la intelectualidad, “la Repubblica” tuvo dificultades para crecer en número de ejemplares vendidos.

Luego, paradójicamente, siguió otra fase política: la coalición del Pentapartito (democristianos, socialistas, socialdemócratas, republicanos, liberales), a la que Scalfari se opuso duramente, la que impulsó a los lectores a buscar una fuente de noticias y comentarios autorizados, irreverentes, bajo la bandera de una visión de una sociedad nueva, no sólo deseable, sino posible.

Hacia mediados de los años 80, “la Repubblica” superó en ventas al gran periódico de la burguesía, el “Corriere della Sera”. Tengo la certeza de que, aunque Scalfari en persona me invitó a colaborar, escribí quizás un centenar de artículos en ese periódico desde septiembre de 1985 hasta diciembre de 1990, nunca censurados, ¡no fue mérito mío!

Muy pronto se acusó a “la Repubblica” de no ser un periódico de partido sino un periódico-partido: una poderosa arma política en manos de Scalfari y sus colaboradores, no todos homogéneos en cuanto a la “línea” política.

Ciertamente, la línea política siempre fue clara: ir más allá de la DC y el PCI, ambos en declive, pero desafiada sólo por el líder socialista Bettino Craxi, cuyos métodos lo convirtieron en arrogante antagonista de Scalfari. Un verdadero liberal no podría dejar de caracterizarse como opositor intransigente a Silvio Berlusconi, considerado por muchas y buenas razones un grave peligro para la democracia italiana. De manera más o menos legal, desde la cima de su riqueza y contando con la corrupción de un par de jueces, Berlusconi intentó comprar “la Repubblica”. No lo consiguió, pero por poco. Sin embargo, el colapso del sistema de partidos italiano privó a Scalfari de interlocutores al frente de organizaciones capaces de hacer política.

Por lo tanto, se vio obligado a apoyar de vez en cuando a los que luchaban contra el gigantesco conflicto de intereses de Berlusconi, a los que querían reformas institucionales profundas (en uno de sus artículos valoró positivamente mi propuesta de reforma electoral), a los que intentaban la construcción de un nuevo sujeto político: Romano Prodi y el Ulivo (sin dejar de reconocer sus muchas, quizás demasiadas, limitaciones).

Los editoriales de Scalfari, tradicionalmente publicados los domingos, largos, a veces argumentados en exceso, y combativos, regularmente intentaban influir en importantes decisiones políticas.

Había sido diputado por el Partido Socialista en la legislatura 1968-1972. Fue ésa una experiencia poco satisfactoria que no mencionaba casi nunca. Permaneció en él la ambición de influir en la política italiana e incluso la convicción de que podía lograrlo.

Recuerdo que cuando una periodista de la revista “Prima Comunicazione” le preguntó: “¿Querría ser Primer Ministro?”, él contestó “No”. La periodista preguntó “¿cómo es eso?” La respuesta inmediata y seca fue “porque el Director de la Repubblica es más importante que el Primer Ministro italiano”. Eugenio Scalfari dejó el periódico hace muchos años, aunque siguió escribiendo sus editoriales dominicales. No hay ningún heredero. Ni hay tampoco ningún periodista italiano comparable por su ambición y su capacidad.

Gianfranco Pasquino es  Profesor Emérito de Ciencia Política de la Universidad de Bolonia, autor de Tra scienza e politica. Una autobiografia (2022).

Copyright Gianfranco Pasquino y Clarín, 2022. Traducción: Román García Azcárate. 

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