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UN G-20 NO HACE PRIMAVERA

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Por: Carlos Fara. Es evidente que el gobierno no puede pasar 48 horas tranquilo. Cualquiera en sus cabales le hubiera dado gas a la estela del G-20 para remozar la alicaída imagen presidencial. Sin embargo, logró que “el monstruo (Carrió) saliera de la caverna” con una cuestión ultra sensible: seguridad y derechos humanos. Y de vuelta a la polémica que desplaza a todo lo demás.

Casi pareciera que no puede quedarse callado y quieto un minuto. Es para reflexionar si no tienen razón quienes dicen que los pilotos de tormentas siempre vuelan en tormentas: si no están, las atraen. O como diría el famoso chiste del oso y el cazador: “Richard, vos no venís a cazar osos”.

Más allá de la falta de oportunidad (y la permanente generación de acciones de alto voltaje sin consulta a los socios, que luego crean tensiones y deslucen la imagen de la coalición), muchos se preguntan por estas horas si el éxito del G-20 servirá para que Macri sea reelecto. Si el efecto “llanto en el Colón” ayuda en esta coyuntura. O si este evento surtirá un grade como en su momento fueron los festejos del Bicentenario para los Kirchner.

  1. Los festejos del Bicentenario no tuvieron tanto efecto como se dice. Nuestras mediciones de la época indican que justo antes del 25 de mayo la aprobación era del 41 %, e inmediatamente después solo había variado un par de puntos. La recuperación de la aprobación de la gestión de CFK había comenzado hacia fines de 2009, de modo que no fue un hito particular, sino un escalón más en una tendencia ascendente.
  2. El Bicentenario ocurrió en un año en el que la economía creció al 10 % (y el 6 % en 2011), una tasa que hoy ni China posee. Ergo, el clima era totalmente distinto.
  3. Comparado con 2010, la dinámica de atención de la opinión pública es muy distinta (recién empezaba el boom de las redes sociales), de modo que ahora los fenómenos tiene un efecto más fugaz.
  4. El efecto “llanto en el Colón” será muy valorado en su propio público, no mucho más allá. Lo mismo que la imagen del país del “sí, se puede”, “cuando los argentinos queremos, podemos”, etc. La grieta subsistente y el dinámica mediática genera una segmentación automática de los mensajes.
  5. Lo más importante del G-20 de cara a su público es certificar que “la Argentina volvió al mundo” y que “todos reconocen que el rumbo es el correcto”. Esos argumentos ya no le alcanzan al desencantado para dar vuelta la tortilla. Ahí operará 1) una mejora económica relativa, y 2) el efecto miedo a CFK.
  6. Falta 1 año para un eventual balotaje. Eso en el mundo actual es una eternidad. Hace exactamente 12 meses atrás el gobierno tenía el 2019 asegurado. Hoy el presidente disputa con Cristina quién tiene más rechazo.

En definitiva: el G-20 tendrá un efecto relativo y de corto plazo, del cual no se puede deducir que ayudará en una elección que se producirá casi 1 año después.

En semejante vendaval hay que tomar todo con cautela y no dejarse encandilar por los flashes. Estos sobresaturan a los ojos de luz y por un breve momento padecemos la ceguera de flash, como suele llamarse a este problema. Es tan breve que el ojo se debe recuperar muy rápido.


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