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Una intelectual, al frente de la resistencia feminista en el Vaticano

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Lucetta Scaraffia


Lucetta Scaraffia trabaja para cambiar las viejas estructuras patriarcales




ROMA.- En el

Vaticano

algunos no la quieren porque representa la resistencia feminista en un ámbito dominado por hombres. Pero a Lucetta Scaraffia, historiadora, escritora y prestigiosa pluma de
L’Osservatore Romano, no le importa.





























Nacida en Turín hace 70 años, Scaraffia, intelectual feminista y católica, dirige desde hace ocho años la revista mensual de
L’Osservatore Romano,
Mujeres Iglesia Mundo. Flamante abuela de su primer nieto, es una voz muy crítica de la Iglesia Católica actual. “Las mujeres para el Vaticano no existen”, denuncia sin tapujos. Aunque rescata al papa argentino: “Pienso que ha hecho muchísimo por las mujeres, incluso me respaldó, pero no le puede cambiar la cabeza a la gente. Para mí está haciendo todo lo que puede, pero en el Vaticano no quieren ver a las mujeres, en modo absolutamente total, las ignoran”, dice a LA NACION.

“En el Vaticano cada tanto tengo momentos de humillación total, como cuando me encuentro con un cardenal o con algún funcionario de la Secretaría de Estado y le pregunto qué piensa de
Mujeres Iglesia Mundo y me contesta: ‘Lo lee mi secretaria, o lo lee mi gobernanta’. Algo tremendo. Ellos se sienten superiores, no ven a las mujeres”, dice.















En marzo pasado, su revista causó revuelo internacional al denunciar que a menudo las monjas son tratadas como sirvientas por cardenales y obispos, para quienes cocinan y limpian a cambio de un salario irrisorio. “El Vaticano está lleno de monjas sirvientas. También hay muchas mujeres que trabajan como empleadas, que son explotadas en modo increíble: por lo general son muy competentes, laicas consagradas, pero el trabajo que hacen, que es muchísimo, se lo adjudican los curas. Ellas trabajan en la anulación de su personalidad y dicen que está bien, que lo hacen por Dios y por la Iglesia, pero no es justo. Se aprovechan de un modo horrendo”, lamenta.















Scaraffia destaca que, al contrario, Francisco más de una vez ha recordado a las religiosas que está bien el servicio pero no el servilismo, algo enorme. Aunque no cree que el Papa sea feminista. “No, él tiene una actitud más de seductor hacia las mujeres. Pienso que es muy inteligente y capaz de entender la situación actual y sabe perfectamente que ahora a las mujeres hay que darles espacio. Es muy concreto, no vive en un mundo teológico, él sabe cómo es el mundo y pienso que él no puede hacer por las mujeres más de lo que ha hecho. Él abrió caminos importantes y es necesario que nosotras caminemos”, dice.

“Tenemos que dejar de pensar que de repente llegará el papa bueno que de golpe convocará a las mujeres en cargos claves, porque es algo que no puede hacer”, agrega Scaraffia.








No obstante, para ella, un cambio “importantísimo” que Francisco implementó, después del Jubileo de la Misericordia, fue que el pecado del aborto pueda ser perdonado por cualquier simple sacerdote.








“Antes el aborto era un pecado por el cual había que recurrir a un obispo, ahora cualquier cura puede otorgar el perdón. Antes, un homicida podía recurrir a un cura, pero una mujer que había abortado no. Él eliminó esta injusticia enorme, quitó una piedra del camino”.

Scaraffia, sin embargo, no comparte la actitud de la Iglesia frente al aborto. “Para mí la Iglesia debería dejar de protestar cuando un país como la Argentina quiere despenalizar el aborto. Estoy de acuerdo con que el aborto es un pecado, pero no creo que es un delito, porque la mujer paga también por el hombre; la mujer paga con su cuerpo, su dolor físico y psíquico y es una injusticia hacia las mujeres”, afirma.









Cardenales

A pesar de que reclama más presencia y un trato distinto a las mujeres, está en contra del sacerdocio femenino. “Le digo no a las mujeres sacerdotes porque estoy en contra de su clericalización y creo que nuestra riqueza es nuestra diversidad y libertad”, explica. Pero sueña con una Iglesia con mujeres cardenales en el C9 -los consultores del Papa-, en los dicasterios del Vaticano, que puedan participar en las reuniones que anteceden al cónclave y en la elección del papa.

“Las mujeres podrían ser cardenales sin ser sacerdotes porque, históricamente, hubo cardenales que no eran sacerdotes. La obligación de nombrar cardenales a los sacerdotes es muy reciente, del código canónico de 1917. ¿Qué piensa del celibato? “El celibato eclesiástico tiene razones históricas para existir, pero también es verdad que es dificilísimo mantener la castidad. Creo que son pocos los sacerdotes que mantienen la castidad”, dispara.

En septiembre pasado, su revista publicó una edición centrada en las mujeres y la crisis por el escándalo de abusos sexuales de menores que hizo temblar a muchos en el Vaticano. Ahora está preocupada porque salga a flote otro escándalo: el de miles de mujeres abusadas por sacerdotes, que incluso, en algunos casos, las obligaron a abortar. “Es terrible, pero me divierte el hecho de que esos sectores conservadores que culpan a los sacerdotes gay de los abusos de menores quedarán descolocados, porque quedará claro que muchos otros son heterosexuales. Son seres humanos”, comenta, irónica.

¿Alguna vez pensó abandonar a una Iglesia tan llena de pecadores y presuntamente misógina? “Sí -confiesa-, pero amo a la Iglesia y trabajo por la Iglesia. Si no, no resistiría”.











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