Inicio Nacionales Covid y educación: una oportunidad para empezar a tomar decisiones correctas

Covid y educación: una oportunidad para empezar a tomar decisiones correctas

16 minuto leer
Comentarios desactivados en Covid y educación: una oportunidad para empezar a tomar decisiones correctas
0

 

Covid y educación: una oportunidad para empezar a tomar decisiones correctas

La pandemia ha puesto de manifiesto desigualdades existentes hace décadas en América Latina y el Caribe y ha exacerbado otras, como el acceso a la tecnología y la educación de calidad.

Ante la aparición de la pandemia por Covid-19 y las medidas de aislamiento, los países de la región reaccionaron ante la crisis educativa que inevitablemente surgió en distintos niveles. Pese al alcance de la educación a distancia, a las plataformas de aprendizaje, los contenidos digitales y las distintas herramientas de comunicación que se implementaron en países de la región, la pandemia tuvo y tiene tres consecuencias para la inclusión en la educación que se pueden identificar como: el aumento en la falta de aprendizaje, una mayor pobreza producida por la recesión, y la interrupción limitada de los servicios de apoyo.

Según estudios de SUMMA, Laboratorio de Educación para América Latina y el Caribe, todas estas situaciones de pandemia están afectando en mayor medida a las alumnas y alumnos más desfavorecidos, de familias más vulnerables y con menos accesos a educación de calidad, situación que se prevé puede cimentar mayores desigualdades en la región y potenciar desigualdades en el acceso a la educación.

La inclusión en la educación es un proceso que abarca medidas que asumen la diversidad.

Sin embargo, a esta diversidad no sólo hay que reconocerla, sino valorarla y construir sobre ella. Los sistemas educativos inclusivos fomentan el sentido de pertenencia y están fundados en la creencia de que toda persona tiene valor y potencial y debe ser respetada, independientemente de su origen, su capacidad o su identidad.

Si bien, uno de los grandes desafíos en la post pandemia es avanzar y asegurar una educación inclusiva, los mecanismos que generan discriminación y rechazo en la participación y experiencias educativas son los mismos para todos aquellos que son excluidos, donde se pueden identificar distintos grupos discriminados debido a la discapacidad, el género, la edad, la ubicación, la pobreza, el origen étnico, el idioma, la religión, la migración, el desplazamiento, la orientación sexual, la identidad y la expresión de género, la situación de privación de libertad, las creencias o las actitudes. Cada sociedad debe abordar los mecanismos que le son propios y que excluyen a determinadas personas.

Los Estados y las políticas públicas destinadas a la educación deben responder a las necesidades de todo el alumnado y considerar la diversidad de éstos como un recurso y no como un problema. La educación inclusiva es la base de un sistema educativo de buena calidad que permite a todo niño, niña, joven y persona adulta aprender y desarrollar su potencial.

La brecha digital

La pandemia y el cierre de las escuelas ha puesto de manifiesto las desigualdades socio-económicas y la amplia brecha digital existente. Se estima que más de 32 millones de niños y niñas vive en hogares que no están conectados a Internet.

Sin embargo, algunos países han dado prioridad a hacer más asequible el acceso a Internet. En Uruguay, el gobierno se asoció con una empresa de telecomunicaciones para suministrar a todo el alumnado acceso sin cargo a contenidos educativos. En Chile, un programa estatal de protección social añadió a la lista de gastos que podían reembolsarse, una serie más amplia de bienes y servicios para ayudar a alumnos y alumnas con discapacidad a seguir su educación a distancia. Se ha avanzado en llegar con la educación a distancia a muchas poblaciones de niños, niñas y adolescentes, pero todavía hay mucho por hacer. La virtualidad y los sistemas híbridos de educación son una realidad y los Estados deben trabajar para que el acceso a Internet sea un derecho universal.

Los gobiernos deben resguardar y mejorar el financiamiento educativo. Si millones de personas no tienen acceso a la educación, la inclusión no existe. Antes de la pandemia, había ya más de 12 millones de niñas, niños y jóvenes no escolarizados en la región. Y con el Covid, la cantidad de recursos destinados a la educación disminuyó frente a otros sectores como la salud. En los últimos años, la región ha priorizado el gasto en educación, pero todavía el gasto absoluto que realizan los países, el número de dólares por alumno al año, es extremadamente bajo. La inversión por alumno impacta directamente en la calidad de su educación.

Existe otro gran desafío que es la falta de acceso a datos confiables y comparables en los países de la región. Las encuestas son clave para desagregar los indicadores educativos por características individuales, pero el 57% de los países de América Latina y el Caribe, sobre todo los del Caribe que comprenden el 13 % de la población de la región, no suministran datos de encuestas. En nueve países, los sistemas de información de gestión de la educación no recopilan datos sobre la educación de los niños, niñas y jóvenes con discapacidad.

El rol del Estado

El rol del Estado como garante del derecho a la educación es imprescindible. La educación es un derecho humano, y es clave para promover la inclusión social y laboral. Mayores niveles de educación están asociados a la reducción de la pobreza y la desigualdad, la mejoría de indicadores de salud, a las posibilidades de acceso a un trabajo decente, la movilidad social ascendente y la ampliación de la posibilidad de ejercicio de la ciudadanía. En esta línea, la educación inclusiva, equitativa y de calidad es clave para el desarrollo de nuestras sociedades.

La región está relativamente avanzada en el alcance de sus políticas de educación inclusiva, pero muchos países no han cumplido efectivamente sus compromisos. Por ejemplo, en 2018, a pesar de su ley de educación inclusiva, en Chile seguía habiendo más de 2.000 escuelas especiales, a las que asistía el 5,1% del total del alumnado. En Nicaragua, la educación inclusiva es una de las prioridades estratégicas del Plan de Educación 2017-2021, pero en 2019 un tercio de los aproximadamente 10.000 alumnos y alumnas con discapacidad estaban en escuelas especiales.

Un tema que debe ser abordado en forma urgente es la exclusión de los sistemas educativos de los jóvenes privados de la libertad, que suman alrededor de 27 mil en la región. La población carcelaria suele tener menor nivel de alfabetización que la que no está privada de libertad. En Honduras, en 2014, apenas el 6% de las personas presas tenía estudios secundarios, y en el Uruguay, el 59% de los 501 adolescentes admitidos en 2018 (de los cuales 226 tenían penas no privativas de libertad y 275 estaban privados de libertad) no había finalizado el primer ciclo de la enseñanza secundaria.

Para promover la inclusión, los currículos y libros de texto deben proporcionar una base de conocimientos común pero diversa. Y su adaptación a los diferentes contextos e identidades es fundamental para favorecer una visión crítica y reflexiva del alumnado respecto de las diferencias. Las personas, sin importar su identidad, deben poder sentir que su valor se reconoce en las imágenes que proyecta el currículo.

Preparar, empoderar y motivar

Por último, preparar, empoderar y motivar al personal educativo debe ser un objetivo para este 2021. Todos los miembros del cuerpo docente deben estar preparados para enseñarles a todos los educandos, para enfrentar los desafíos que esta pandemia que aún no ha terminado les puso en el camino, y para afrontar el reto de la diversidad. El desarrollo profesional continuo es el camino.

A pesar de que en el 70% de los países de la región hay leyes o políticas que prevén la capacitación de las y los docentes en materia de inclusión, más del 50% de las y los docentes en el Brasil, Colombia y México informaron que carecían de una capacitación profesional para enseñar a alumnos y alumnas con necesidades especiales.

Si algo nos deja esta pandemia, son aprendizajes. Debemos estar despiertos para aprovechar esta oportunidad única de corregir errores del pasado, tomar las decisiones correctas, y diseñar e implementar políticas educativas de largo plazo que favorezcan una educación inclusiva, equitativa, y de calidad. En definitiva, que nos permitan construir una sociedad más justa.

Link de la Fuente

Cargue Artículos Más Relacionados
Cargue Más Por Administrador
Cargue Más En Nacionales
Comentarios cerrados

Mira además

AUDIO| «El Periodismo y la verdad» por Miguel Ángel De Renzis – NCN

El conductor Miguel Ángel De Renzis realizó su habitual editorial de opinión en » Ayer y H…