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Vuelve la ola de pañuelos naranja a Argentina. Por Mara Echeverría – NCN

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El debate por la legalización del aborto en el país latinoamericano ha dado un nuevo aire al movimiento que exige separar las doctrinas religiosas de los asuntos de Estado y que ha llevado a miles a abandonar la iglesia católica

La ola de pañuelos naranja está de vuelta en Argentina. Tras la aprobación de la ley que avala la interrupción del embarazo, activistas han puesto la mira en la separación de la iglesia y el Estado, después de los argumentos religiosos en los que algunos legisladores basaron sus votos en contra de la propuesta del presidente Alberto Fernández.

La Campaña por la apostasía, como se ha nombrado este movimiento, tiene como bandera el pañuelo color naranja, que lució junto al de color verde durante las manifestaciones que diversos grupos de activistas feministas durante el proceso de aprobación de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) el año pasado.

“La importancia de separar el Estado de la iglesia nunca ha sido tan visible como en los discursos de diputades y senadores que dejaron mucho que desear, priorizando su religión por sobre el deber de legislar en un país laico como es Argentina”, escribió la organización Campaña Federal por la Separación Estado y la iglesia en sus redes sociales.

El grupo de activistas de la Campaña Federal por la Separación Estado y la Iglesia es uno de los que impulsan este movimiento y como parte de sus acciones han lanzado diversos llamados para que los ciudadanos argentinos abandonen la iglesia católica de forma colectiva a través de la apostasía.

La apostasía se realiza de forma directa ante los arzobispados de Argentina y durante el confinamiento por la pandemia, desde sus redes sociales los colectivos realizan diversos llamados para realizar esta acción para renunciar a la iglesia católica a través de canales virtuales.

“No estamos en contra de ninguna religión, simplemente pedimos que no se nos imponga nada y que se respete a los atees, agnóstiques y a cualquier persona que tenga otro tipo de creencias”, dijo Tati Barranco, una de las activistas impulsoras de la campaña.

Este movimiento no es nuevo, nació en 2018 cuando en el país arrancaron las movilizaciones en favor de la legalización del aborto, que entonces fue desaprobada por el Senado argentino.

Entonces, los diversos grupos en favor de los derechos de las mujeres iniciaron con los llamados a abandonar la iglesia católica. La respuesta fue significativa y miles de argentinos se sumaron a las apostasías colectivas y adoptaron el pañuelo color naranja, que se visibilizó en las manifestaciones de la llamada marea verde.

“Queremos un Estado donde el ámbito público y privado vayan por separado y haya una real libertad de conciencia. Todas las religiones deben ser respetadas, pero no deben intervenir en las decisiones de un gobierno, ni imponerse en ningún ámbito”, dice la página del grupo Iglesia y Estado, asunto separado, creado en agosto de 2018.

Vuelve la ola de pañuelos naranja a Argentina

Argentina, el país del Papa

Argentina es el país natal del Papa Francisco, líder de la iglesia católica desde marzo de 2013. Sin embargo, el número de católicos en el país latinoamericano ha registrado un ligero descenso en los últimos años.

La Segunda Encuesta sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina, con datos de 2019, revela que el catolicismo disminuye aunque conserva una mayoría atenuada con 62.9 por ciento de la población, desde el 66 por ciento que se registraba en 2017.

De acuerdo con la encuesta elaborada por el Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL-CONICET), 9.7 por ciento de los ciudadanos dice no tener ninguna religión, 6 por ciento es ateo y 3.2 por ciento se declara agnóstico.

A esto se añade que 7.3 por ciento de la población considera que su religiosidad aumentó a partir de la elección de Jorge Mario Bergoglio como máximo pontífice de la iglesia católica, 7.3 por ciento declara que disminuyó y el 82.4 por ciento dice que se mantuvo igual.

En la misma encuesta, el 59.7 por ciento de la sociedad argentina considera que el Estado no debe financiar a las organizaciones religiosas y el 6.4 por ciento se pronunció a favor del sostenimiento exclusivo a la iglesia católica.

Para los activistas una de las pruebas de la injerencia de la iglesia en el Estado fue la aprobación de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza para realizar ceremonias religiosas y dar clases de catequesis en escuelas públicas en respuesta a un recurso que presentó el Obispado de San Rafael porque la provincia argentina prohibió las prácticas religiosas en los colegios públicos en 2018.

Ahora, los grupos activistas de Argentina han advertido que tras la legalización del aborto centrarán sus esfuerzos en las acciones que emprenda la Campaña Federal por la Separación Estado y la iglesia, además de continuar con la defensa de derechos humanos de personas transgénero y la comunidad gay, entre otras.

“La lucha será larga, lo sabemos, pero la unión hace la fuerza y un gran paso para deslegitimar los discursos que sostienen que Argentina es católica es apostatar. De esta manera dejamos al descubierto los verdaderos números de creyentes y practicantes en el país”, advierte la Campaña Federal por la Separación Estado y la Iglesia.

 

 




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