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¿Y si el apoyo a Ucrania se divide en dos? EE UU ya insinúa que Zelenski debe negociar y los Bálticos insisten en el respaldo militar

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La guerra en Ucrania va camino de los nueve meses y es ya, para muchos, un conflicto enquistado. La paz se ve muy lejos y un alto el fuego solo parece factible si el invierno es tan duro como para que ni Moscú ni Kiev quieran mantener las hostilidades. Poco a poco, de hecho, el tono se ha ido rebajando. El Kremlin dice de forma poco creíble que no pone condiciones a hablar con Zelenski, y el presidente ucraniano pronuncia la palabra paz con la boca pequeña porque la oleada de bombardeos vuelve a cerrar cualquier puerta a la diplomacia. 

Mientras, Occidente podría acabar dividiéndose: Estados Unidos ya ha dejado caer que Kiev debe negociar, y la UE podría subirse a esa tesis… pero depende de los Estados miembros y ahí los Bálticos mantienen una posición más dura. Hasta ahora, la Unión ya ha aprobado 3.100 millones de euros en armamento a Ucrania, además del apoyo estrictamente económico. También Washington mantiene el respaldo y se repite el mensaje de que la negociación se producirá «cuando Ucrania quiera» y «en los términos que quiera». Pero el tiempo pasa, el frío acecha y el hartazgo social crece. ¿Podría dividirse el bloque occidental en dos entre quienes apartan la silla para que Zelenski se pueda sentar a hablar con Rusia y los que consideran que empuje militar no debe cesar?

Júlia Codina, analista en cooperación internacional y ayuda humanitaria, explica a 20minutos que «enviar ayuda económica pero no armas es básicamente lo que han hecho los países europeos en otras guerras». Dejar ahora de enviar armas a Ucrania «no sé si es algo plausible», añade Codina, «pero sí hay cierta presión» para que ese suministro pare. «Biden no puede decir públicamente que Zelenski tiene que abrirse a negociar», cuenta, aterrizando la cuestión con nombres propios.

«Sí vemos que Zelenski hace ya una lista de condiciones, algunas de las cuales son excesivas para que Rusia se pueda sentar en la mesa. Pero no ha habido mención al veto de hablar con Putin, por ejemplo«, comenta la analista, pero matiza: «No creo que dejar de enviar armas sea la forma de actuar que elija la UE; el problema es un monstruo de los países. Los intereses nacionales pesan y por eso los Bálticos tienen la posición que tienen».

Codina, eso sí, pide contar con más escenarios. «Hay una especie de fatiga de los donantes y puede que el apoyo económico no sea sostenible a largo plazo«, sostiene, antes de contar con el hecho de que Rusia «utiliza la variable del invierno, pero también la de los refugiados». Por tanto no hay que tener solo en cuenta el factor energético. «Los refugiados siguen yéndose a los países vecinos y eso pone presión, quieras o no, sobre Europa», apunta Codina, quien, con todo, cree que «quedaría muy mal a ojos de la gente que Occidente dejara de enviar armas a Ucrania».

Pese a que el conflicto ya va a cumplir nueve meses, la vía diplomática no se ve en el horizonte. «Las palabras que vemos o los mensajes no nos permiten vislumbrar una mesa de negociación», argumenta una analista que, en cambio, sí cree que «algunos líderes de países europeos e incluso voces en EE UU son más conscientes del descontento popular en temas como la inflación o los precios de la luz».

El energético es un factor de mucha presión y al final es un juego de ver quién aguanta más contra Rusia

«Quizá la UE pensaba que se llegaría antes a un alto el fuego, pero no ha sido así. Estoy casi segura de que algún país si esto se alarga más allá del invierno se baje del barco de ayudar a Ucrania. El energético es un factor de mucha presión y al final es un juego de ver quién aguanta más contra Rusia», termina, al tiempo que incorpora al debate el hecho de que la posición de los Bálticos a favor de seguir apoyando con firmeza a Kiev tiene en cuenta la «memoria histórica» puesto que son países «con un pasado bajo la URSS, y no lo olvidan» incluso pese a ser los que más presión reciben a nivel migratorio o con riesgos bélicos, como se vio con la caída de un misil en territorio polaco que provocó dos muertos.

Por otro lado, Daniel Gil, analista en The Political Room, añade que la pregunta que hay que hacerse es «si puede Ucrania ganar la guerra, entendiendo por ganar el expulsar a las tropas rusas de todo su territorio». Y ante esa pregunta la respuesta de cada actor implicado no es la misma. «Entonces ese es el motivo de la dimisión», asume Gil. Los Bálticos y Polonia creen que con apoyo occidental suficiente Ucrania puede expulsar a Rusia completamente de su territorio, una tesis que por ejemplo empiezan a no compartir Estados Unidos, Francia, España, Italia o Alemania.

«Por eso Europa occidental cree ya que Kiev debería de buscar una situación propensa para las negociaciones de paz, porque ahora mismo además estamos encaminados hacia un estancamiento de la guerra. Ni Rusia puede cumplir con sus objetivos ni Ucrania tiene la fuerza suficiente para ganar», continúa el analista. Ese impass es algo que tanto la UE como Estados Unidos «quieren evitar porque consideran que no es bueno para los intereses de nadie que la guerra se prolongue durante varias años». 

En cambio, los Bálticos creen que es «precisamente esa inacción de Occidente, esas reticencias a enviar armas que podrían ser decisivas, es lo que hace que la situación esté estancada«. En palabras de Gil, «esa es la desavenencia principal: cada uno intenta impulsar el debate y el marco en su favor». Todo se mueve, pero lo hace en varias direcciones que, quizás, en lugar de encontrarse acaben divergiendo y provocando un cierto roce entre las partes aliadas. Y eso es un problema para Ucrania.


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