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Y si Putin usa armas nucleares… cómo es un ataque con pulso electromagnético de gran altitud

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Dice la OTAN que hay que «tomar en serio» la retórica nuclear rusa. Su secretario general, Jens Stoltenberg, ha dicho esta semana una cosa y la contraria, porque comentó que no es «altamente probable» que Moscú vaya a utilizar armas atómicas.

Pero ya nos hemos puesto en lo peor y hemos analizado cómo podría ser un ataque de Rusia sobre Ucrania con armas nucleares tácticas. Entre los posibles escenarios, un ataque a una base militar ucraniana, una bomba nuclear sobre el agua o un ataque con pulso electromagnético que haga colapsar los equipos electrónicos. Pero, ¿qué es un ataque con pulso electromagnético?

En 1962 y accidentalmente se vio que tras una explosión nuclear se inutilizaban todos los aparatos eléctricos y electrónicos

El pulso electromagnético (EMP en sus siglas en inglés) es un efecto secundario descubierto accidentalmente con las pruebas atómicas. Se vio que tras una explosión nuclear se dañaban e inutilizaban todos los aparatos eléctricos y electrónicos en un cierto radio de acción. Este efecto se observó por primera vez durante las pruebas estadounidenses Starfish Prime de 1962.

Los efectos de la radiación gamma

Basado en ese hallazgo, un ataque de pulso electromagnético se ejecuta con armas generadoras de importantes cantidades de energía electromagnética ambiental que destruyen total o parcialmente esos equipamientos. La radiación gamma interactúa con la materia irradiando e ionizándolo todo, incluido el propio aire circundante, explica la Federación de Científicos Americanos (FAS). Luego, crea un campo electromagnético zonal de varios kilómetros de diámetro.

La explosión tiene lugar a entre 30 y 400 kilómetros y podría paralizar un continente

Los ingenieros militares han desarrollado artefactos que maximizaran este efecto. Su desarrollo más sofisticado es el llamado ataque de pulso electromagnético de gran altitud, en inglés HEMP (High Altitude Electromagnetic Pulse). Llamado también bomba del Arco Iris porque genera pequeñas auroras, la explosión tiene lugar a entre 30 y 400 kilómetros y podría paralizar un continente entero.

La bomba del Arco Iris

El EMP de gran altitud (o sea, el HEMP) no afecta a los seres vivos, pero tiene la capacidad de interrumpir y/o destruir las comunicaciones comerciales y militares, dañar la infraestructura de la red eléctrica e interferir con las operaciones de mando y control del enemigo. Estas perturbaciones pueden dañar o destruir tanto los equipos de control electrónico como los transformadores de potencia asociados a la distribución de la red eléctrica.

La mayoría de componentes electrónicos se destruyen con pulsos de 4 kV/metro, cuando un HEMP induce 50 kV/m, doce veces más

Los sistemas digitales modernos son especialmente sensibles a este tipo de ataques. Según un estudio del Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE), la mayoría de componentes electrónicos actuales fallan en presencia de pulsos electromagnéticos de 1 kV/m, y resultan destruidos en torno a los 4 kV/metro. Un ataque de pulso electromagnético de gran altitud induce en torno a 50 kV/m, doce veces más.

El misil ruso Tsirkon en una de sus pruebas en julio de 2021.
El misil ruso Tsirkon en una prueba en julio de 2021.
Vooruzhónniye sily Rossíyskoy Federátsii

Los efectos del HEMP abarcan una amplia gama de frecuencias (desde muy baja frecuencia hasta unos pocos cientos de megahercios). También, detalla el Centro de Ingeniería Civil del Ejército del Aire de EE UU (AFCEC), producen corrientes dañinas dentro de las líneas de transmisión, distribución y comunicaciones de energía que se asemejan a los efectos de las perturbaciones o tormentas geomagnéticas (por ejemplo, las erupciones solares).

El caos en las ciudades

De modo que una bomba del Arco Iris causaría un completo caos militar, pero también civil. Acabaría durante un período indefinido con los servicios esenciales de la población (electricidad, agua potable, distribución alimentaria, comunicaciones, etc). Fallarían simultáneamente millones de equipos sin posibilidad de ser reparados o sustituirlos con rapidez porque los repuestos, vehículos o instrumentos necesarios para la reparación se hallarían también averiados.

Un ataque de pulso electromagnético de gran altitud desarticularía las infraestructuras vitales de cualquier nación

Los expertos consideran que un ataque de pulso electromagnético de gran altitud desarticularía completamente las infraestructuras vitales de cualquier nación moderna. Sus consecuencias provocarían a su vez un enorme número de víctimas por hambre y epidemias, y también el despoblamiento de las grandes ciudades y un crash económico y social.

Cómo se lanza este tipo de ataque

Desde su accidental descubrimiento en 1962, todas las potencias nucleares de primer orden han incorporado a su arsenal armas capaces de generar un pulso electromagnético de gran altitud. Se cree que Rusia dispone de al menos un regimiento de misiles completo para esta clase de ataques, además de armas de este tipo desplegadas en sus submarinos de tipo SLBM (misiles balísticos lanzados desde submarinos).

Para lanzar un HEMP sólo se necesita una bomba termonuclear de potencia intermedia (1 megatón) y un cohete capaz de elevarla a unos 300-500 km sobre el área objetivo mediante un tiro balístico de alto ángulo parcialmente orbital o suborbital.

¿Existe protección contra un HEMP?

Es posible proteger instalaciones o vehículos individuales contra el mismo mediante el uso de técnicas específicas, como la Jaula de Faraday. De hecho, muchos sistemas de armas e instalaciones militares modernos incorporan complejas protecciones contra el EMP. Sin embargo, se deterioran rápidamente con el tiempo.

Pero lo más importante es que su eficiencia queda muy afectada cuando el resto de infraestructuras civiles y militares sí han quedado paralizadas. Serían islotes tecnológicos y perderían su validez conforme agotan su autonomía (combustible, baterías, repuestos, tripulaciones de refresco, etc). Después de todo, es posible proteger instalaciones concretas pero no una nación completa.


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