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'Vive la France'

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Lo que acaba de suceder en Francia es, esta vez sí, un hecho histórico, término tan devaluado que ya se usa para todo, desde partidos de fútbol a triunfos en concursos de cocina. La Asamblea Nacional y el Senado de la República, en sesión conjunta celebrada en Versalles, han aprobado incluir en la Constitución la “libertad garantizada de interrumpir voluntariamente el embarazo” para las mujeres. Los franceses han blindado, por así decir, el derecho al aborto; lo han puesto a salvo de posibles mayorías legislativas adversas.

Pero lo llamativo ha sido el resultado de la votación. Hubo 780 parlamentarios que votaron sí y solo 72 que votaron no. Los votos favorables procedían de todas partes; los negativos, nada más que de la derecha y la extrema derecha. Pero la gran mayoría de Los Republicanos (lo que en España sería el PP) y del ultraderechista Frente Nacional, incluida su líder Marine Le Pen, votaron sí.

El significado de esa votación es asombroso. Francia continúa en la senda abierta por la trascendental ley de 1905 (la de separación de las iglesias y el Estado), la que planteó el principio del fin de un asunto medieval: no necesariamente había de ser delito para todos lo que solo para algunos era pecado. Los franceses han demostrado, una vez más, que las creencias religiosas y la política son cosas distintas; que Dios no es forzosamente de derechas, y que hay muchas cuestiones que atañen a los derechos humanos que no deben evaluarse según los códigos morales de los creyentes (de cualquier creyente), sino de la ley acordada por y para todos los ciudadanos.

De más está decir que eso, en nuestro país, está aún lejísimos. Yo asistí como informador (no vayan ustedes a pensar otra cosa, ¿eh?), hace casi 20 años, a la manifestación en contra del matrimonio igualitario que encabezaron 20 obispos, a la que acudieron muchos cientos de curas y monjas, y numerosos dirigentes políticos conservadores. Hoy es el día en que gavillas de fanáticos creyentes se emboscan impunemente en las inmediaciones de las clínicas en las que se interrumpe el embarazo para amenazar a las posibles pacientes. Hoy es el día en que organizaciones o sectas ultrarreligiosas al borde de la legalidad no ocultan su connivencia con la extrema derecha política.

En España (y en EEUU, y en Hungría, y en Polonia, y ahora en Argentina; hay varios países más) sería inimaginable que la extrema derecha, y aun la derecha civilizada, actuasen como han actuado sus homólogos franceses en el dilema del aborto. Siguen siendo demasiados los políticos que piensan mucho más en su dios, sea el que sea, que en sus conciudadanos.

Igual que cuando éramos jóvenes, ahora mismo vuelve a dar mucha envidia esto de no ser francés…


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