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El terror nuestro de cada día

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Volvió el terror. Con otras muecas y formatos, fecundo en amenazas y en concreciones de las amenazas. El gran miedo multiforme brota por supuesto desde la mansalva letal del narcoterrorismo, pero también en el salón aparentemente inocente de una peluquería, donde un empleado se rapa primero el pelo, diagrama un asesinato y mata con destreza a un compañero de trabajo y el terror vuelve a fertilizarse de sangre.

El homicida se preparó para su crimen, cambió su aspecto, rapó su cabellera y disparó. Llevaba el terror dentro de sí y lo ¿exorcizó? matando por nada.

Esa es la esencia del terror: la nadificación del otro por ser otro.

El sadismo circula armado.

Los monstruos transitan por las calles, suben a medios de transporte y roban y a veces matan, violan, fusilan, o trafican droga.

Un ataque de pánico se encarama en un caño que alguien arroja en el túnel de Libertador para atravesar el vidrio de un auto, para robar o matar al conductor.

La escena del proyectil cilíndrico y misilístico a centímetros del volante, aterra.

Es terrorífico que un joven sea detenido por hacerle un gesto a un gobernador sospechado de un millón de tropelías y que otra persona sea encarcelada por aludir a rumores sobre la vida privada de otro gobernador.

¿Gobernadores o amos de terroríficas disciplinas de obediencia a sus impunidades y dislates?

Una senadora le recuerda a un rabino argentino que es argentino. Y eso también es terror. Es el non plus ultra de la ignorancia y del prejuicio que explican por qué el arcaísmo feudal nos sigue anclando en el espíritu de la Inquisición que persevera en la discriminación medievalista.

Argentina no es una teocracia, pero parece serlo a veces en la mente hueca de personas con poder.

¿Insfrán, Morales, Corpacci… y cuántos más?

Gobernar es lo opuesto a aterrorizar.

El terror volvió al debate. La vicepresidente lo concibe de un modo y la ministra de seguridad de otro modo.

“Los militares que combatieron a civiles en los ‘70 terminaron todos presos”.

La ministra de seguridad y el ministro de defensa consideran que el contexto es otro, y que hay que volver a combatir al terrorismo, o al narco terrorismo con todas las fuerzas de seguridad, incluyendo las Fuerzas Armadas .

Las amenazas contra los periodistas que investigan el narcoterrorismo en Rosario son espeluznantes, y reales.

Bolivia es aliada de Irán, uno de los mayores exportadores de terror del planeta. Nadie podría negar que no llega droga desde Bolivia hacia la Argentina.

¿Cómo se financia Hezbollah, brazo armado de Irán perpetrador de dos atentados en la Argentina? El narcotráfico transnacional terrorista es una de sus fuentes.

El atentado masivo en Moscú enfatiza la siniestra vigencia global de la matanzas como método.

El terror vuelve al centro del debate porque hay terror, real, actual y también potencial.

Los narcoterroristas tienen armas, dinero, soldaditos y soldados, cómplices en el poder, socios, y están dispuestos a matar y matan.

Hay una cotidiana cautividad que nos apresa en el gran miedo por nosotros y por los nuestros.

Hay una necesidad de combatir al terror con la ley y con las fuerzas del orden, pero también con la conversión cultural que implica considerarlo como la aberración que nos invade, y no solo como un inevitable signo de los tiempos violentos.

Lo peor del terror es considerarlo normal y por lo tanto insoslayable.

La coacción del terror es material pero también espiritual: disuade, encierra la libertad, nos encarcela en una flagrante persecución a la soltura de movimientos. Nos exige esta obligada prevención. Nos condena a cuidarnos por el simple hecho de vivir sin mirar a todas partes temiendo las letalidades circundantes.

Es una dimensión incorporada. El terror, que tuvo en la Argentina la secuencia histórica conocida desde la demencia agresiva de los “revolucionarios” de los ‘70, indultados por el poder político y por quienes reescribieron la historia y los exaltaron como héroes, hasta el subsiguiente totalitarismo dictatorial que liquidó la democracia en sótanos torturadores.

Después todo se volvió a tergiversar. Se contó solo la mitad de la historia y se trastocaron las cifras reales de la masacre.

Esas distorsiones penetraron la mentalidad colectiva, exaltaron fanatismos, y en el nombre de la memoria la desdibujaron con ideologismos.

Entonces, el terror no ha renacido, estaba latente. Había y hay un campo propicio para su propagación, por una extendida licencia para matar al libre pensamiento.

El ataque cerebral que produce la droga a raudales, es un ataque social y una asociación, una coproducción con la demolición sistemática de mentalidades ajenas al dogmatismo.

Son dos frentes armados de distinta forma pero idéntico objetivo: el narcotráfico literal y material, y la intoxicación espiritual que provoca la alucinación interesada que consideró en su momento a los enemigos como amigos: Venezuela, Nicaragua, la Bolivia asociada a Irán y al propio Irán con quien se firmó un pacto de impunidad, epicentro de un delirio geopolítico retrospectivo y alocadamente argentino.

Ahora es la hora de volver a confrontar contra el terror y la hora de evitar errores y horrores cometidos.

No será sencillo desde luego.

Debe comenzar con el cese de la beneficencia para los narcos

Detengan todos los relojes.

La historia vuelve a partir de cero.


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