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Oficialitis: la peligrosa apuesta de Mauricio Macri

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Hay un lugar en el que Mauricio Macri todavía tiene poder de fuego. Ese espacio fue el centro de la escena política esta semana: la Cámara de Diputados debatió el fallido proyecto de Ley Ómnibus y el ex presidente mostró que conserva su músculo político para acercar a Javier Milei a la normativa que tanto quiere.

Desde su refugio en el country Cumelén, a 1.600 kilómetros del Congreso, el ex presidente siguió con celular en mano el debate que se daba en el recinto de la cámara baja. El contacto principal era el jefe de bloque PRO, Cristian Ritondo, que lo mantenía al tanto de las novedades.

El problema para Macri es que, pasado el debate en Diputados, se le acaban las balas. A pesar de haber sido uno de los artífices del Pacto de Acasusso que ayudó a empoderar a Javier Milei, el ex presidente nunca tuvo demasiada recepción en Casa Rosada: no coló funcionarios, no influye en las decisiones y hasta le suman a sus rivales al gobierno, como a Daniel Scioli.

“Nosotros no cogobernamos”, dicen en el entorno de Macri para disimular su poca influencia sobre Milei. Pero también para exculparlo por no tener diálogo con dos de sus ex funcionarios, a quienes el Presidente considera partes fundamentales de su gabinete: Patricia Bullrich, la ministra de Seguridad, y Luis “Toto” Caputo, el jefe de la cartera de Economía.

Mientras se toma sus últimos días de descanso en el sur, la semana que viene volvería a Buenos Aires, Macri está atento a todos los acontecimientos políticos y empieza a alistarse para hacerse cargo nuevamente del PRO, el partido que creó hace casi dos décadas.

Nueva construcción.

Desde que Bullrich asumió como ministra de Milei, fueron varios los dirigentes que le dijeron a Macri que debía hacerse cargo de su partido. Y el ex presidente se embaló.

“Necesitamos un proceso de reconversión. Diagramar el futuro del espacio. Una refundación”, dicen cerca del ex presidente. Con esos fundamentos se va a presentar para recuperar su partido. Hasta ahora, nadie piensa en hacerle sombra: si hay lista única, tomará el poder de forma automática en marzo, si no habrá que hacer elecciones en junio.

Desde el larretismo ya avisaron que se van a abstener de competir, creen que está todo encaminado para Mauricio. Sólo resta saber si Bullrich le pone o no un contrincante, al menos para embarrar la cancha.

A pesar de que tiene la cucarda de la ex presidencia, que lo habilita a participar de cualquier debate, ser titular del PRO le dará aún más centralidad política. Por eso está convencido de recuperar el cargo que ocupó desde su fundación, en 2015, hasta 2012. “Hay dos factores para que vuelva a la presidencia: el primero es que le gusta la política y está un poco aburrido. El segundo, que el partido es su hijo y cada tanto reclama su paternidad”, lo analiza un dirigente cercano.

Pero lo que importa es la idea de la refundación que esgrimen en su entorno. Es que Macri se siente más cercano a Milei que a sus ex socios de Juntos por el Cambio, la coalición que lo llevó a la presidencia y que desde que fracasó en las elecciones presidenciales de 2023, se extingue. Más allá de los intentos discursivos por sostenerla, el acercamiento del PRO a La Libertad Avanza provocó la fractura del espacio.

“Hoy, Juntos por el Cambio es sólo una expresión de los gobernadores. En el Congreso no existe más”, dice una diputada del PRO. Allí los bloques deciden por sí solos y, muchas veces incluso, de forma contradictoria. El radicalismo y la Coalición Cívica fueron críticos del proyecto de ley que el PRO acompañó con dientes apretados.

La confirmación de que Juntos es apenas un recuerdo está en que ya no comparten grupo de WhatsApp. Es que, hasta diciembre, los legisladores se comunicaban a través del chat: allí definían estrategias y ponían sus proyectos de ley para buscar adhesiones. El grupo quedó en desuso. Abandonado. Ahora, cada uno de los partidos define con su bloque. “Hoy nuestra relación con el PRO es la misma que podemos tener con Hacemos”, dice un diputado radical con respecto al bloque de Pichetto. Es decir, pueden coincidir en varias ideas, pero nada se define de forma conjunta ni coordinada.

El acercamiento de Macri a Milei produjo varios cortocircuitos, incluso adentro del PRO. En la mesa chica de Horacio Rodríguez Larreta dudan todavía que la jugada haya sido exitosa: creen que Macri quedó condicionado. Necesita más de Milei que el Presidente de él.

Juego de poder.

En cierto modo, Milei parece entenderlo de la misma manera. Por eso, a pesar de que tienen una comunicación fluida, el primer mandatario mantiene su autonomía. Lo escucha, lo respeta y no lo tutea, aún cuando ya tienen cierta confianza. Pero después se maneja con independencia, incluso contradiciéndolo. “La relación de Mauricio con Javier es muy buena”, aclaran cerca de Macri. Y agregan: “Hablan de temas de actualidad y Mauricio le aporta su experiencia. Del Gobierno sólo tiene línea directa y activa con él”, completan, dejando en evidencia las diferencias con Bullrich y Caputo. “La verdad es que Patricia y Toto no le dan pelota. Están en otra”, contesta un diputado que, en otro tiempo, fue de los mimados por el ex presidente.

En el entorno de Macri confiesan que el único pedido que le hizo a Milei fue negado. Le había solicitado que Ritondo sea el presidente de la Cámara: el primer mandatario dio vueltas, consideró la propuesta, pero finalmente se decidió por uno propio, el flamante diputado Martín Menem.

De todas maneras, hay un punto que Macri envidia de Milei: que se haya atrevido a plantear tantas reformas estructurales, todas juntas y al comienzo de su gestión. “Muchas de las medidas que se intentan hacer ley ahora son las que buscamos con el PRO, pero nos tiraron 14 toneladas de piedras”, explican cerca de Macri. Por eso el ex presidente acompañó con un tuit el tratamiento de la normativa en Diputados: “Se va a votar una ley fundamental para comenzar un cambio en la Argentina. Por eso apoyo la ley que presentó el gobierno”, escribió.

Sin embargo, las formas de Milei suelen confundir al ex presidente. No comparte, por ejemplo, su verborragia tuitera. También le generan desconfianza algunas decisiones que toma, como la inclusión de Daniel Scioli como secretario de Turismo. La primera reacción fue que el subsecretario de Deportes, Ricardo Schlieper, hombre cercano a Macri, renunció para no tener al ex gobernador como jefe. Un amarillo menos en la gestión libertaria.

El ideólogo de la presidencia de Macri, el consultor Jaime Durán Barba, explicó los riesgos de la relación en una entrevista en Modo Fontevecchia: “No me imagino una bicefalía, no pienso en un Milei obediente viendo cómo Mauricio maneja su gobierno. Milei tiene un temperamento excesivamente personalista y fuerte, no va a permitir que otro gobierne en su nombre”, dijo. Y alertó sobre las posibilidades de fracaso del espacio donde trabajó, tras el acercamiento a La Libertad Avanza: “Necesitan una alternativa distinta, más progresista, que acoja a toda esta sociedad contemporánea. Si Milei fracasa, el PRO va a caer en una catástrofe también”. Algunos dirigentes del partido tienen el mismo pensamiento, pero son una minoría al lado de los que siguen la doctrina Macri.

Anhelos.

La líbido del ex presidente está puesta en varios frentes. El mayor tiempo lo ocupa en su familia: las actividades que realizó durante todo el verano en el country Cumelén con Juliana Awada y su hija Antonia fueron retratadas y subidas a las redes por su esposa. Anduvo en bicicleta, pescó con mosca, paseó en lancha y se dio un chapuzón en la Bahía Mansa, entre otras cosas.

Este verano no recibió tantas visitas políticas en su refugio como otros años: la rosca estaba en Capital. Sin embargo, participó desde allí de varias reuniones por Zoom y se mantuvo comunicado por teléfono. A su primo Jorge, por ejemplo, le sugirió que empiece a armar un plan a ocho años para cuidar su cargo, aunque en la Ciudad por ahora sólo miran a corto plazo.

Pero sus interlocutores no son sólo de la escena nacional. Sigue charlando con ex presidentes y referentes de la región: Álvaro Uribe y Julio María Sanguinetti están entre sus contactos frecuentes.

También continúa afianzando sus lazos con el mundo árabe, principalmente con el emir de Qatar Tamim bin Hamad Al Thani y con el presidente de Emiratos Árabes Mohamed bin Zayed Al Nahayan. Su cargo como presidente de la Fundación FIFA le dio el marco como para que vayan ganando cada vez más confianza mutua.

A esta altura, Macri es un referente del mundo árabe en el país y eso trasciende al fútbol. Sus contactos le abren un abanico de posibilidades en el mundo de los negocios.

La presidencia de la Fundación FIFA lo entretiene, pero nunca deja de lado el anhelo de conducir la federación, cargo que ocupa hoy otro amigo suyo, el suizo Gianni Infantino. En 2027 hay elecciones y el ex presidente tiene esa chance entre ceja y ceja.

Mientras tanto, sigue haciendo buenos negocios. Y ayudando a que otros lo hagan. Hace un par de años le presentó a Infantino a su amigo Martín Migoya, el empresario CEO de Globant, para hacer desarrollos para la FIFA. En el deporte más popular del mundo, hay mucho terreno por explotar.

Antecedentes.

Las definiciones políticas de Macri lo ponen, otra vez, en el centro de críticas que llegan, incluso, desde su propio espacio. ¿Hizo bien el ex presidente en apoyar a Milei? ¿Qué obtiene a cambio, si el Presidente no le responde? En su entorno apuntan a la teoría del mal menor, aduciendo que una eventual gestión de Sergio Massa hubiese sido una catástrofe para el país. Otros no están de acuerdo.

Lo cierto es que tampoco es novedoso para Macri que los dardos le apunten directamente. Fue sindicado como uno de los responsables de la derrota de Juntos por el Cambio en las elecciones pasadas. Dirigentes del radicalismo, de la Coalición Cívica y también algunos del PRO protestaron por su coqueteo con la chance de ser candidato que no permitía ordenar a los contendientes y luego por el apoyo que brindó a Bullrich en su disputa interna con Larreta.

A diferencia de Cristina Kirchner, a quien el verticalismo de su espacio nunca la dejó demasiado expuesta, Macri fue sujeto principal de los reclamos. “Está enfermo de poder”, lo calificó el radical Gerardo Morales cuando el ex presidente hizo público su apoyo a Milei. “Este es el escenario de ultraderecha que quería”, lo acusó.

Elisa Carrió, la otra cofundadora de la coalición, sostuvo durante toda la campaña presidencial que el ex presidente tenía una doble intención: “Macri siempre jugó para Milei y para la destrucción de Juntos por el Cambio”, protestó.

El ex presidente sabe como pocos cómo fluctúa el poder desde el sillón de Rivadavia y aconseja a Milei sobre la base de haber estado en su lugar. Por eso entiende que el actual mandatario debe plantear las reformas que necesita para gobernar durante la luna de miel con la sociedad. En marzo, cuando la crisis económica apriete fuerte sobre el bolsillo de la clase media, empieza otra batalla.

Macri puso demasiado en riesgo. La pérdida de legitimidad de Milei podría arrastrar a su propio partido, aún cuando no esté representado con cargos en el Gobierno. “Si al Presidente le va mal se va a tener que abrir. Pero la apertura no será hacia Macri, que ya le dio su apoyo, sino hacia otros espacios”, dicen desde el sector rebelde del PRO. La movida de Mauricio puede haberlo dejado en jaque.

Bullrich, en cambio, asumió su derrota electoral rápido. Haberse incorporado a la gestión, aún cuando eso le costó su relación con Macri y haber soltado la presidencia del PRO, le dio la posibilidad de construir poder. En ese camino va, mientras recibe halagos del Presidente: Milei la felicitó por la dureza de los operativos realizados en el Congreso durante el tratamiento de la Ley Ómnibus y se divirtió en redes poniéndole “me gusta” a memes que hacían referencia al accionar policial contra las manifestaciones.

Macri seguirá adelante con su estrategia de dar apoyo desde afuera, a pesar de las advertencias de que la “oficialitis” le juegue una mala pasada si la gestión Milei se empantana. Mientras tanto irá construyendo consenso para volver a la presidencia del PRO, imaginando que habrá lista de unidad y no tendrá que ir a elecciones: para eso a finales de enero iniciaron un operativo clamor. Presidentes del partido de 20 provincias firmaron un comunicado en el cual adujeron que “es la persona indicada para llevar adelante este proceso de unidad”.

Sin ánimo de reconstruir Juntos por el Cambio, lo que viene es una jugada a todo o nada del ex presidente. Macri puso todas las fichas en Milei y la apuesta es de alto riesgo. Se lo advirtieron, pero él avanza igual.

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